COSAS QUE NO TE ENSEÑARON EN LA ESCUELA DE PRÁCTICA JURÍDICA (I)

Etiquetas

, ,

Desde su habitación, en penumbra y acostada en la cama, Dª. M. oyó el timbre:

-¿Quién es, P.? Anda hija, mira a ver quién es; que han llamado a la puerta.
-Unos señores, mamá, que vienen a verte.
-¿A mí? ¿A estas horas? –preguntó mientras se atusaba el pelo.
-Sí, mamá; te van a hacer unas preguntas…
-… vale –dijo repantigándose. Pero que no me entretengan mucho; he mirado el reloj y ya es hora de comer.

Cincuenta minutos después, mientras bajaban por el ascensor, el juez y el forense comentaban en voz baja que la presunta incapaz no había fallado ni una, “pero-ni-una-sola-pregunta-oye”: su nombre, los apellidos, el estado civil, el día de la semana en que estaban, sus estudios…

Vamos, es que ni siquiera se había atrevido a coquetear con la edad –“la ha clavado, es que la ha clavado”-, murmuraba su señoría. Iba a resultar muy difícil estimar la solicitud de incapacitación y nombrarle tutora.

El caso es que la vieron muy desvalida; y los informes que presentó el abogado no dejaban lugar a la duda; el deterioro cognitivo era indiscutible… ¿Hablaban de la misma persona?

Se despidieron en el portal, resignados, sabiendo que esta vez iban a tener que ser muy finos en sus respectivos escritos.

Mientras tanto, en la misma habitación, con la voz muy baja y temiendo aún que la pudieran oír, Dª. M. le preguntaba a su hija:

-¿Me ha salido bien el examen? Es que, aunque no se han presentado, yo sé que quienes han venido son el señor rector y su secretario; me han hecho un interrogatorio que no veas. Qué mal rato me han hecho pasar… Bueno, he hecho lo que he podido. Ya veremos si me dan la plaza en la universidad; vamos a comer algo, hija.

JULIO CÉSAR (I): CUMPLE LO QUE PROMETAS (sobre todo lo malo)

Etiquetas

, , , ,

La madre de Forrest Gump le enseñó a su hijo que “tonto es el que hace tonterías”.

La mía, en cambio, me enseñó que siempre tenía que cumplir lo que prometiera, algo que aprendí muy pronto gracias a que mi madre era especialmente escrupulosa a la hora de castigar mis travesuras… Toda acción tiene sus consecuencias, no lo olvides.

Durante su juventud, Julio César decidió viajar a la isla de Rodas para ampliar su formación, estudiando filosofía y retórica con el mejor gramático de su tiempo.

En esa época la piratería ya era un negocio próspero y, durante el viaje, el barco en el que viajaba fue asaltado a la altura de la isla de Farmacusa (al sudoeste de la actual Turquía).

Los piratas, sabedores de que habían capturado una buena presa, exigieron un rescate de veinte talentos de oro (un talento equivalía a 26 kilos aproximadamente); César se rió y los desafió a pedir mucho más, nada menos que cincuenta talentos. Y esa fue la cantidad que, ni cortos ni perezosos, exigieron los piratas.

Cuenta la historia que mientras duró su cautiverio, César se dedicó a componer algunos discursos, teniendo por oyentes a los piratas, a los cuales trataba de ignorantes y bárbaros cuando no aplaudían.

Treinta y ocho días después, el rescate llegó y César fue liberado después de un cautiverio relativamente cómodo; a pesar de tratar a sus secuestradores con amabilidad, al despedirse les avisó de que tenían los días contados.

Así, nada más recuperada su libertad organizó una flotilla que partió del puerto de Mileto, capturó a los piratas en su refugio (todavía estaban celebrando la obtención del botín) y los llevó encadenados a Pérgamo para que fueran ajusticiados por Junio, gobernante de la provincia de Asia.

La “autoridad competente” se interesó más en el botín que en hacer justicia y dejó a los bandidos en manos de César, quien los mandó crucificar, tal como les había prometido, aunque en un gesto de «compasión» ordenó que, primero, los degollaran.

No creo que César, descendiente de Eneas (quien, a su vez, era hijo de Venus), fuera un ser sediento de sangre y venganza; más bien era consciente de su linaje y de su prestigio, que debía cuidar su imagen pública y que tenía que estar a la altura de su personaje.

Sus famosos “Comentarios”, más que literatura, eran propaganda personal redactada en tercera persona.

César demostró ser un genio en muchas cosas y, entre sus cualidades, contaba con la saber cultivar lo que toda la vida se ha llamado “auto bombo” y que ahora los “modernos” llaman desarrollo de marca personal o BRANDING.

Si algo es fundamental en una marca es que el producto o servicio que se promete siempre se ajuste a unos estándares de calidad, no defraudar nunca las expectativas.

Y César, descendiente de Venus, siempre supo estar a la altura en todos los terrenos: cumple lo que prometes, sobre todo lo malo.

Localizados, capturados, crucificados y a otra cosa.

Esta es una de las cientos de anécdotas que se cuentan de este “crack”, al que sus enemigos en Roma llamaban “la reina de Bitinia”; pero esa es otra historia que, ahora, llamaríamos CRISIS REPUTACIONAL y que bien merece otro post.

LAS GAVIOTAS

Etiquetas

, , ,

foto1

Muchas mañanas, camino de mi oficina, me encuentro una bandada de gaviotas volando “in itinere”, camino de “su oficina”.

Suelen regresar antes de la puesta de sol, más o menos sobre las 5 de la tarde. Me las encuentro de vuelta, cuando voy a empezar mi segundo turno.

Para los que no me conocen diré que mi despacho está en la ciudad de Murcia, bastante retirado del mar, pero lo suficientemente cerca -por lo visto- para estas aves, que han cambiado su rutina natural, depredadora o carroñera, por la más “cómoda” de servirse de la basura que se procesa en la planta de residuos que hay en Cañada Hermosa, a unos 10 kms. de Alcantarilla, junto a la Autovía del Noroeste.

En mi ignorancia no juzgaba lógico, en términos de eficiencia, que un animal gastara tanta energía y recursos para alimentarse. No es así. Por lo visto les compensa.

Tanto que, según he leído, el estudio de algunas poblaciones ha demostrado que las gaviotas adultas se están apareando dos veces al año, en lugar de una -que sería “lo suyo”-, lo que a su vez conlleva el efecto de que se duplique la población y se generen desequilibrios.

Es un fenómeno que se retroalimenta: a más población, más dura es la lucha por la comida, de manera que hay ejemplares que optan por esta fuente alternativa de alimento.

Es muy probable que estas gaviotas ingieran más toxinas que sus hermanas, las que se quedan en la costa. Las que no mueran, por pura lógica, serán más resistentes a las enfermedades.

A la larga, salir de la zona de confort tiene su premio, al menos en términos evolutivos.

Aplícalo ahora a tu negocio:

¿Cuál es tu mercado? ¿Es un mercado maduro? ¿Está saturado?¿Cómo es de dura la competencia?

Quizá haya llegado el momento de explorar otras alternativas, como por ejemplo, la internacionalización. Es un proceso, duro, exigente, con muchas barreras de entrada.

Pero el premio es no tener que pelear con tus iguales por un pedacito de carroña flotando en el mar.

A la larga te hará más fuerte, puesto que no dependerás de los ciclos del mercado doméstico (paraguas anticrisis), aprovecharás posibles oportunidades en los mercados emergentes, ajustarás costes (economías de escala) y, sobre todo, evitarás que otras gaviotas más grandes que tú se fijen en ti y tengan la tentación de devorarte.

SOBRE SABINAS Y PASTORAS (o el llamado «miedo escénico»)

Etiquetas

, , , , ,

Lo cuenta Joaquín CARBONELL en su libro sobre Joaquín SABINA (“Pongamos que hablo de Joaquin” – Ediciones B- 2011):

“Joaquín tiene un tremendo miedo a los conciertos. Joaquín tiene miedo a cantar como los toreros a torear (…) Sale acojonado por el sonido, por las luces, por el micro (…) Ese temor, común a la mayoría de los intérpretes que se enfrentan a un espectador en directo, se disipa cuando todo funciona, en cuanto el hilo se comunica entre el escenario y el patio de butacas”.

Casualidad -o no- cae en mis manos esta devota hagiografía del cantante el mismo fin de semana en que el de Úbeda protagonizó su última “espantá”, en Madrid. Muy de torero.

No es el único. Otra colega de profesión, Pastora SOLER, había anunciado unos días antes su retirada de los escenarios, por ese mismo motivo.

Y esta fobia no es exclusiva de los cantantes, no: a muchos toreros les pasa igual, que desean que llueva y se suspenda la corrida.

Conozco muchos abogados a los que les pasa lo mismo: les encanta suspender las vistas. Cualquier excusa es buena. Me recuerdan a Tom CRUISE en “Algunos hombres buenos”.

No sé si es debido al miedo escénico, a que no se han preparado el juicio o, simplemente, porque han llegado hasta ese punto a resultas de alargar y alargar una negociación y no tienen prevista otra alternativa.

No me gusta el cambalache de la puerta del juzgado aunque, a la fuerza ahorcan, suelo llevar previsto un plan “B”, justo para ese momento en que se acerca el compañero y te suelta eso de “¿podemos hablar cinco minutos?”

Mira si hay tiempo para negociar y van y se lo dejan para el último momento. No cuela.

El plan “A” es llevar el juicio muy bien preparado, tratar de dejar el menor número de detalles al azar y no olvidar nunca que el público, “mi público”, está sentado en primera fila, no se pierde detalle y es a él a quien me debo, al ciento por ciento.

Así que no me puedo permitir ni dudas ni miedos escénicos.

Me importa un bledo si la jueza de turno hace como que no escucha (que siempre lo hacen, cuidado), si el compañero de enfrente gesticula o si su cliente me hace aspavientos mientras expongo mi alegato.

Si volvemos al mundo del artisteo, ¿quién no se ha tropezado alguna vez con algún “reventador” mientras tocaba en un bolo? ¿Será la primera vez que algún descerebrado tira una lata al escenario?

Pase lo que pase, el show debe continuar.

Porque si no lo soportas, siempre puedes colgar la toga; es el plan “Z”: en el mismo libro, CARBONELL se refiere a Fernando FERNÁN GOMEZ, quien mostró total aversión al escenario y afirmó haber dejado de actuar en teatro porque

le molestaba que lo mirasen mientras trabajaba

Genio y figura.

NADA ES PARA SIEMPRE

Etiquetas

, , , ,

Esta noche, mientras que los móviles echan humo y el personal brinda celebrando el cambio de fecha, se producirá la extinción de un sinfín de contratos de arrendamiento de negocio, todo por aplicación de una previsión contenida en las disposiciones transitorias de la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994. Y es que veinte años no son nada.

No ha faltado una tímida campaña en los medios de comunicación que abogaba a favor del comercio tradicional: denunciaba que con esa medida iban a cerrar muchos negocios y, con ello, deprimir -aún más- el centro histórico de muchas ciudades.

Y yo que pensaba que el milenarismo se acabó el año que pasamos el llamado “efecto dos mil”.

Alguno se lamenta ahora, pero estoy seguro que, en su día, veinte años le pareció mucho tiempo.

Me pongo en lugar del propietario o, mejor dicho, del heredero del propietario (habrá unos cuantos que, con tanta prórroga, jamás han vuelto a recuperar la posesión del local) y pienso que lo más inteligente, desde el punto de vista del arrendatario, hubiera sido negociar mucho antes (AÑOS antes) de que se aplicara la norma, ofreciendo subir la renta a cambio de alargar la vigencia del contrato.

Esto es, actuar de forma proactiva: en lugar de esperar a que se cumpliera el escenario legal, revertirlo y pactar uno específico para cada situación.

Porque esa misma ley de la que se abomina estableció la libertad de pacto y nada impedía un acuerdo justo entre ambas partes.

Claro que también entiendo que tener un local en el centro de la ciudad por cuatro chavos debería suponer un incentivo irresistible para ponerse la venda en los ojos y no querer ver que había una última estación, llamada «fin de trayecto». El corto plazo y el beneficio inmediato sobre el largo plazo o la visión estratégica.

Podría hablarse de un caso de «procrastinación jurídica» aunque mi abuela diría, simplemente, que de aquellos polvos estos lodos.

Lo dicho, veinte años no son nada, seguiremos brindando y cayendo -una vez y otra- en los mismos vicios de siempre.

Por lo visto va en nuestro ADN.

LAS LEYES DE PARETO Y PARKINSON

Etiquetas

, , , , , , , , ,

Tim FERRIS (“La semana laboral de 4 horas”. RBA Editores- 2010) lo explica muy bien:

Antes de decidir qué quieres hacer con tu tiempo tienes que liberar ese tiempo y, para ello, hay tener muy definidos algunos conceptos:

Ser eficaz es hacer cosas que te acercan a tus metas.

Ser eficiente supone hacerlas de la manera más económica posible.

Hacer algo intrascendente bien, no lo convierte en importante.

Invertir mucho tiempo en una tarea, no la convierte en importante.

Y a continuación, expone dos métodos para aumentar la productividad, que son iguales entre sí, pero “dados la vuelta”:

1. Limitar las tareas a las importantes, para trabajar menos tiempo (principio 80/20).

2.- Acortar el tiempo de trabajo para limitar las tareas a las importantes (ley de Parkinson).

detecta tareas fundamentales que te proporcionan más réditos y establece plazos claros y muy cortos para realizarlas

El primer método tiene su origen en Vilfredo PARETO, economista-sociólogo cuya ley se resume así: “el 80% de la producción procede del 20% de los insumos”. Es una proporción que suele aplicarse a las más variadas facetas de la vida. Así, por ejemplo, si analizas a tus clientes, descubres que el 20% de tu cartera es la que te proporciona el 80% de los ingresos (¿por qué no los mimas?). FERRIES le da la vuelta más y dice “¿Qué 20% de las causas producen el 80% de mi infelicidad? ¿Qué 20% de las causas producen el 80% de mi felicidad y deseos cumplidos?”

Merece la pena pensarlo y analizarlo.

El segundo método tiene que ver con la llamada “Ley de PARKINSON” que reza así: «una tarea crecerá en importancia y complejidad (percibidas) en relación con el tiempo asignado para llevarla a cabo». Es la magia del fin inminente del plazo (de eso sabemos mucho los abogados): si tienes 24 horas para terminar un proyecto, el poco tiempo te forzará a concentrarte en su ejecución y no tendrás más remedio que hacer únicamente lo esencial. Si, en lugar de 24 horas, tienes dos semanas de plazo, emplearás los días en hacer montañas de un grano de arena. Dicho de otra forma y como pasa con el tiempo asignado para las reuniones: que se expande como un gas, que tiende a ocupar los espacios vacíos y, por tanto, llegarás al final del plazo con las mismas prisas y agobios, lo que no redundará, precisamente, en obtener un producto de mejor calidad, puesto que cuanto menor sea el plazo, mayor habrá sido la concentración exigida.

Como dice FERRIES:

Céntrate en los resultados y elimina las actividades que utilizas como distracción

“FUI CAPAZ DE HACERLO PORQUE NO SABÍA QUE NO PODÍA HACERSE”

Etiquetas

, , , , , , , ,

No, no me refiero a la filosofía esa que reza aquello de que “es mejor pedir perdón que pedir permiso”. Que tampoco está mal.

Me refiero a la anécdota que se cuenta en la biografía de Jobs escrita por Walter ISAACSON («Steve Jobs: La biografía». Ed. Debate 2011).

El Centro de Investigación de Palo Alto, propiedad de la Xerox Corporation –conocido por sus siglas en inglés como Xerox PARC- había sido fundado por esa compañía en 1970 para crear un lugar de difusión de las ideas digitales.

En aquella época las pantallas de los ordenadores resultaban, por decirlo de alguna manera, intimidantes. Para acercarlas a los humanos, en Xerox PARC desarrollaron gráficos sencillos que pudieran reemplazar todas las líneas de comandos e instrucciones de los sistemas operativos.

Tenían claro que era el futuro –como así ha sido- y buscaban un ordenador personal que fuera tan sencillo como para ser utilizado por niños.

De esa manera, los mapas de bits y las interfaces gráficas pasaron a integrarse en los prototipos de los ordenadores de Xerox PARC.

Durante el verano de 1979 el departamento de capital riesgo de Xerox quiso participar en la segunda ronda de financiación de Apple. JOBS les realizó una oferta: “Os dejaré invertir un millón de dólares en Apple si vosotros levantáis el telón y nos mostráis lo que tenéis en el PARC”. Dicho y hecho.

Cuando, durante una visita al PARC, se les mostró lo que se escondía detrás del telón, los chicos de Apple quedaron asombrados con la posibilidad de conectar ordenadores en red, con el lenguaje de programación orientado a objetos y, sobre todo, con la interfaz gráfica desarrollada por Xerox PARC.

El propio JOBS manifestó que “pude ver hacia dónde se dirigía el futuro de la informática”. Cuando acabó la reunión, JOBS se reunió con uno de sus más brillantes ingenieros, Bill ATKINSON, y le dijo: “Tenemos que hacerlo” (acercar la informática a la gente a través de un diseño alegre pero económico); y se pusieron manos a la obra.

Una de las hazañas más impresionantes de ATKINSON fue la de permitir que las ventanas pudieran superponerse en la pantalla, de manera que la que estuviera “encima” tapase a las que se encontraban “debajo”.

ATKINSON creó un sistema por el que, además, las ventanas podían desplazarse, igual que se mueven hojas de papel sobre un escritorio. Obviamente, en la pantalla del ordenador no hay capas de píxeles debajo.

Hoy en día estamos acostumbrados y parece una cosa muy normal.

Para crear la ilusión hubo de escribir un complejo código esforzándose en lograr ese truco, y ahora viene lo bueno, ATKINSON lo hizo porque “pensaba que había visto aquella función durante su visita a Xerox PARC”. En realidad, los científicos de PARC nunca habían conseguido algo así y más tarde le confesaron lo sorprendidos que se habían quedado al ver que él lo había logrado.

“Aquello me hizo darme cuenta del poder de la inocencia –reconoció ATKINSON-»  y añadió:

FUI CAPAZ DE HACERLO PORQUE NO SABÍA QUE NO PODÍA HACERSE

Y es que no hay peor limitación que la nos imponemos a nosotros mismos.

ABOGADOS DE CINE I – “El Inocente (The Lincoln Lawyer)”

Etiquetas

, , , , , , , , , ,

 

 

Suena “Ain’t No Love in The Heart of The City”. No, no es la versión de Whitesnake, es la que grabó Bobby “Blue” Band, Sencilla y efectiva. Como el resto de la película.

Basada en la novela de Michael Connelly y protagonizada por Matthew McConaughey, estas son las diez claves de nuestro primer abogado “de cine”:

 

1.- Tiene una oficina mínima

El protagonista, abogado especializado en derecho penal, se desplaza de una sede judicial a otra, de calabozo en calabozo, en su Lincoln negro conducido por un chófer.

De ahí el título en inglés de la película que, sin embargo, en español se tradujo como “El inocente”. Supongo que en ello algo tuvo que ver que en la matrícula aparezca la mención “NTGUILTY”.

El coche le sirve, además, de oficina móvil: atiende llamadas, revisa expedientes… Aprovecha, en definitiva, los tiempos muertos que suponen tener que ir de un sitio para otro.

A la vez, cree en el tele-trabajo: su secretaria atiende y despacha llamadas desde su casa.

No le hace falta un despacho lujoso, lleno de estanterías de libros y muebles de maderas nobles.

Lo dicho, menos es más, simplicidad y economía de medios.

 

2.- Está especializado (nicho de mercado)

A este abogado lo buscan porque es especialista reputado en su materia. De hecho, su cliente está podrido de dinero: tiene un abogado de postín, de los de-toda-la-vida, con un bufete “de influencia” que sin embargo no puede o no se atreve a llevar el caso porque solo se dedica a “asuntos inmobiliarios”.

 

3.- Sabe negociar sus honorarios

Con su colega, el de los asuntos “inmobiliarios”, cierra el precio hora (500 dólares), un anticipo de 100.000 dólares, más otros importes que devenga según fases procesales; y, en cuanto a los recursos,… en ese caso se reserva la negociación para más adelante. Vamos, de libro.

 

4.- Sabe cobrar sus honorarios

No hay más que ver cómo se las gasta en el calabozo con el motero moroso:

– “Regla número uno: pagas o no curro”.
– “Tengo tu dinero…”
– “Exacto. Lo tienes tú, no lo tengo yo. He mirado en la lista de las personas de fiar y tú no estás en ella”.
– “Según la Ley, no puede dejar el caso, lo he mirado…”

Y a continuación le da una buena lección al motero, y, de paso, al resto de la pandilla de la Harley.

 

5.- Se procura ingresos recurrentes

A lo mejor suena cínico pero, desde el punto de vista empresarial, es impecable: clientes adictos a la cocaína, conductores ebrios… Si son reincidentes en el delito; por tanto, volverán a marcar su número de teléfono.

Él les llama clientes “asiduos” y sabe hacerles descuento (atentos a la última escena de la película).

 

6.- Tiene una red de prescriptores

Por si acaso, en los sitios clave tiene ojos y oídos que le pueden mandar clientes. Por ejemplo, el agente de la condicional. Acuerdo de gano-ganas: tú llevas el caso y yo me encargo de la fianza.

 

7.- Trabaja en equipo

Chófer, secretaria y hasta investigado privado. Eso sí, al cliente se le deja claro desde el primer momento: “sus honorarios se unen a los míos”.

 

8.- Sabe que todo el mundo cuenta

Aunque no recuerde bien el nombre del alguacil, nunca se olvida de mandarle un detalle por Navidad.

 

9.- Conoce las reglas del juego (y no solo las de las salas de vista)

– “¿Sabe, jefe? Le habría ido muy bien en la calle”
– “No jodas… ¿Y dónde te crees que estoy?”

Además de la “ley de la calle”, respeta el código deontológico (“el cheque me lo tiene que dar Ud., no su madre, porque Ud. es formalmente mi cliente”) y la confidencialidad (cuando le llaman al coche el chófer se tiene que poner los auriculares con música).

 

10.- Conoce el poder de los medios de comunicación social

Para saber por qué lo digo sólo hay que ver cómo se las gasta con el cámara que graba en la puerta de los juzgados, ese que vende los reportajes a la TV local.

Pero para ello tendrás que ver la película. Y es que este post no pretende ser un spoiler: estas notas las tomé solo con lo que sucede en los primeros quince minutos.

“Ain’t no Love…, no hay amor en el corazón de la ciudad”.

 

Que la disfrutes, buen fin de semana.

SOBRE MAPAS MENTALES Y RUTAS TURÍSTICAS

Etiquetas

, , , , , , , , , ,

IMG_0716

 

Un motivo más -por si no había suficientes- para acercarse a la patria chica de Muñoz Molina y Sabina.

Tenía que ser en pleno centro histórico de una ciudad Patrimonio de la Humanidad, junto a una taberna llamada ‘Calle Melancolía’.

Lo encontré junto a una silueta de Sabina, realizada en forja; silueta que ocupa casi toda la fachada local y que a un servidor le atrajo como un imán.

Ahí estaba, desafiante, un mapa mental.

Había leído que el uso de los mapas mentales aumentaba la productividad y la eficiencia en la gestión del tiempo, de proyectos, sesiones de brainstorming o presentaciones.

También, que la incorporación de los mapas mentales a la rutina diaria tenía un claro efecto transformador, ya que consigue reemplazar el pensamiento lineal (lo que nos han enseñado -desafortunadamente- durante toda la vida), por el pensamiento irradiante o multidimensional, asegurando de esta forma el máximo aprovechamiento de nuestros conocimientos y habilidades.

Por lo visto, los gestores de VANDELVIRA TURISMO encontraron una utilidad más: describir una ruta turística.

Por supuesto, si visitas su web (http://vandelviraturismo.com/) tienes el plano típico habitual; pero este mapa mental ni era típico ni habitual.

Claro que tampoco era ese el efecto pretendido: gracias a Raquel (mi guía, que no podía llamarse de otra forma dada la ruta que iba a explorar) supe que lo típico y habitual de Úbeda era el Renacimiento y que la Ruta Judía queda siempre en un segundo plano.

Gracias al mapa mental y a VANDELVIRA, por supuesto, pude conocer esa Úbeda menos visible, la que se esconde tras sus edificios renacentistas, no menos impactante.

Historia viva que cuentan los objetos cotidianos expuestos en las casas-museo y en la Sinagoga del Agua, única en Europa.

Un motivo más -por si no había suficientes- para acercarse a la patria chica de Muñoz Molina y Sabina.

Y una utilidad más que he encontrado al uso de los mapas mentales.

DEFINE OBJETIVOS

Etiquetas

, , , , ,

Nuestros planes se malogran por falta de objetivos. No hay vientos favorables para el marinero que no sabe qué rumbo poner (SÉNECA)

Los objetivos proporcionan una dirección y una finalidad: “si puedes verlo, puedes conseguirlo”. A su vez, nunca hay que perder contacto con el objetivo, siempre hay que dar pasos concretos que te acerquen a él.

Los objetivos indican un camino. Sin metas, te condenas a invertir incontables horas para no ir a ninguna parte.

Los objetivos te indican lo lejos que has llegado, lo que te sirve para medir la eficacia de tu trabajo. Dividir tu objetivo global en objetivos minúsculos te permite medir la ruta hacia tu meta.

Los objetivos permiten alcanzar la visión global dividiendo tus esfuerzos en fragmentos más pequeños que, una vez cumplidos individualmente, suman un gran resultado.

Los objetivos establecen el papel de cada uno, definen las tareas, señala quién se ocupa de cada una y qué se espera de cada persona.

Los objetivos permiten a las personas tener algo por lo que luchar, lo que enlaza, directamente, con el compromiso personal y la voluntad de cambio.

Es archiconocida la cita de EINSTEIN:

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo