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AMANECE EN MERCURIO

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Archivos de autor: Time Advocate

CORONAVIRUS, DÍA CUARENTA Y UNO

24 viernes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, ORGANIZACIÓN, Sin categoría

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CRESO, DELFOS, HERÓDOTO, MILONGA, SEÑALES, TANGO

A primera hora arranco el motor y en el salpicadero de mi coche no se me enciende la luz que semanas atrás me avisaba de un problema con el colector de gases. ¿Es posible que con la atmósfera más limpia se haya purgado la carbonilla?

Esa señal -o mejor dicho, su ausencia- me arranca la primera sonrisa del día. A veces, solo a veces, es mejor dejar que las cosas se arreglen por sí solas. En otras ocasiones, en cambio, puede resultar catastrófico.

Al salir del trabajo observo que han aprovechado la mañana para repintar las señales de la avenida. Después de tanto tiempo las veo de otra manera. Las flechas que indican el sentido de la marcha también ordenan la vuelta a casa. Nada de aperitivos. Nada de tapeos.

Hoy es otro viernes que no es viernes. Es la dictadura del tiempo suspendido.

Pero son señales que pueden interpretarse, también, como de esperanza: «Están engalanando las calles -me digo- para cuando podamos desfilar, triunfales, por ellas». Ya queda menos.

Del otro lado de la frontera, en otras latitutes, me contaron que el camino de ida y vuelta a casa se transita de otra manera. Nada de avenidas rectas. Allá se conduce abrazado a la línea de la costa, con la mirada fija en los destellos de los faros. Han sido muchos días soportando sus guiños, semanas resistiendo sus señales. Demasiadas.

De Ultramar me llegan noticias de que algunos dirigentes supieron dar la orden de confinamiento a tiempo. Otros, en cambio, han dejado el cuerpo muerto y la población paga las consecuencias. Son noticias que me suenan a crónica de otros tiempos.

Como por ejemplo, las de la Orquesta Romántica Milonguera. Recuerdo que una vez me dijeron lo importante que son las marcas en los tangos. Incluso antes de que saques a nadie a bailar. Basta con una simple mirada, con un leve gesto en la barbilla. Aprende pronto el ritual, te avisan. Atento a las señales. Cuidado con a quien señales.

Y cuidado, también, con lo que te encuentras cuando buscas señales.

Heródoto nos cuenta que una vez el oráculo de Apolo, en Delfos, le dijo a Creso: «Si cruzas el río Halys, un gran ejército será destruido». Este rey creyó que era un anuncio de victoria, la suya. Pero lo cierto y verdad es que fue derrotado por Ciro, y el ejército que fue destruido fue el suyo.

En España se habla ahora de que en febrero había indicios de enfermos contaminados con el bichito que pasaron inadvertidos por no haber aplicado los protocolos. Que se trataron como gripes corrientes. Y que no hubo un solo foco de infección, sino varios.

Las señales son objetivas, neutras. La vida te las plantó ahí para que las vieras a la ida, sí, pero sobre todo a la vuelta, cuando llega el momento del conocimiento retrospectivo.

No tienen ideología, ni género; tampoco sentimientos ni remordimientos.

Como el oráculo de Delfos.

 

 

 

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CORONAVIRUS, DÍA CUARENTA

23 jueves Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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ALI BABA, ANTIGUO TESTAMENTO, BIBLIA, CUARENTA, DÍA DEL LIBRO, JESUS, MIL Y UNAS NOCHES, NUEVO TESTAMENTO, SHEREZADE

«Este año -dijimos al brindar en enero- va a ser un año inolvidable». Vaya si lo está siendo.

Estaba escrito: porque 20 y 20 suman 40. Y cuarenta son ya los días que llevamos de tiempo suspendido. Coincide, a la sazón, con el 23 de abril, Día del Libro.

Y si hay un libro de libros -al menos desde el punto de vista etimológico- ese es La Biblia, de entre cuyas páginas resulta que el cuarenta siempre ha sido un número muy especial: el Diluvio duró cuarenta días y cuarenta noches; el pueblo israelita vagó por el desierto guiado por Moisés cuarenta años, los mismos que duró el reinado de David, Saúl o Salomón…

Pero de entre todas las cuarentenas que se recogen en el Antiguo y Nuevo Testamento, quizá la más famosa de todas sea la que pasó Jesús en el desierto. Un tiempo de meditación, un tiempo de penitencia. Y también de tentaciones. En cierta medida, como lo que estamos viviendo.

Con independencia de credos o religiones, todas aquellas que han sido madres saben, porque la han pasado, lo que es una cuarentena, la del puerperio que, según me contaron, yo lo pasé en una incubadora.

No recuerdo el primer cuento que me contó mi madre pero estoy seguro que entre ellos tuvo que estar el de «Alí Babá y los Cuarenta Ladrones». Uniendo los puntos hacia atrás, de nuevo me aparece el número cuarenta, relacionado -asimismo- con otro libro que es, a su vez, recopilatorio de relatos. Me refiero, por supuesto, a «Las mil y una noches».

Resumido en un tuit, «Las mil y una noches» cuenta la historia de un sultán que tenía la manía de casarse con una virgen cada día y a la que mandaba decapitar al día siguiente; así estuvo el hombre hasta que dio con una chica lista, la princesa Sherezade, quien, para evitarlo, se dedicó a contarle todas las noches una historia para mantenerlo despierto y cautivado hasta el amanecer (entonces no estaba Netflix ni HBO).

Y por lo visto, se daba tanta maña la muchacha que el sultán le respetaba la vida ante la perspectiva de perderse la siguiente narración por venir. Y así estuvo una noche y otra y otra, encadenando relatos uno tras otro, unos dentro de otros. Hasta sumar mil y una noches.

Dicen que quien escribió «Las mil y una noches» se inventó la historia de Sherezade como hilo conductor y recurso narrativo para dotar de coherencia y una cierta unidad a todos los relatos. Puede ser.

Añado que el asunto contiene otra moraleja: que las narraciones, cuando son buenas, te pueden quitar horas de sueño, pero te hacen ganar años de vida.

Feliz Día del Libro.

 

 

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y NUEVE

22 miércoles Abr 2020

Posted by Time Advocate in MOTIVACIÓN

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BARES, GABINETE CALIGARI, MUÑOZ MOLINA, NIÑOS, PARCHIS

Como se decía cuando jugábamos al parchís, estamos «a palico de una» de contarnos cuarenta.

Sumando días y sumando semanas -prórroga a prórroga- esto ha tomado forma y se parece ya a una cuarentena de verdad. La que nunca habíamos vivido -hasta ahora- y la que contaremos a nuestros nietos. Si llegamos a esa edad y si tenemos nietos, eso sí. Porque si hay algo que todos -sin excepción- deberíamos haber aprendido es a no hacer planes de vida, más allá del trimestre que viene y solo por aquello de cumplir con Hacienda. Que también somos todos.

No se ha terminado este tiempo suspendido, cierto; pero el lazo está aflojándose. Lo noto en mi trabajo. Lo noto a mi alrededor…

Que por supuesto tendrán que tomarse las medidas correspondientes, vale. Que se habla de una «nueva normalidad», distinta a lo que hemos conocido (mamparas, mascarillas, guantes…), de acuerdo.

Pero con la faena y el lío que llevo, a veces se me olvida que estamos en pleno Covid19. Luego, como a la Rana Gustavo, va y se me pasa. Me lo recuerdan mi mascarita, mis guantes de látex y la botellita de hidroalcohol. Por cierto, ¿alguien ha pensado reconvertir la vieja petaca para estos menesteres? Todo en la vida, pero todo, tiene una segunda oportunidad. Nos vamos a hacer también expertos en reciclaje.

A partir del lunes los niños podrán salir a la calle. Otro indicio de «recuperación». Antes también podían, pero la gente no se estudió la letra pequeña del Decreto. Estaban más entretenidos leyendo bulos o difundiéndolos.

Lo niños -se puede decir ya- han sido un ejemplo para todos. Se adaptaron más fácilmente a la nueva situación gracias a su capacidad para ello -así lo dicen, al menos, los especialistas-, pero por nadie pase. Y ellos, que no se olvide, están pasando la prueba con nota. En esa materia se merecen un sobresaliente general.

Oigo quejas por todos lados, de padres cargados de tareas y de profesores que ahora no tienen horario. Pero eso no es nada comparado con la que se avecina.

¿Qué pasará cuando se pueda volver a trabajar? Si las aulas están cerradas, ¿con quién se quedarán los niños y en qué condiciones? ¿Como Macauley Culkin, solos en csa?

Puede ser otro terremoto social, a añadir a las consecuencias del parón económico, y cuando hay un terremoto ya se sabe, se sacuden los cimientos y se disuelve «todo lo que era sólido», como diría Muñoz Molina.

Estamos en pleno proceso de licuefacción social. Pero que no se entienda como algo pesimista. Ante los nuevos retos, soluciones imaginativas. Porque gobernar y liderar también era esto.

Para los que no gobernamos y tan solo somos súbditos-contribuyentes, ser patriotas ha consistido -hasta ahora- en quedarnos tirados en el sofá. Más adelante, demostraremos lo españolazos que somos, colgados de las barras de los bares, qué lugares… esos que son «tan gratos para conversar». A beber y a bailar como si no hubiera un mañana; sobre todo ahora que sabemos que, a lo peor, a la próxima no lo contamos.

Tenemos una lista de cosas para hacer cuando pase todo esto. Me consta que esa lista va creciendo, que cada cual le añade planes y más planes, algunos ya con intereses de demora y todo.

Pero, antes de que esto acabe, también habría que hacer una lista con las cosas positivas que nos hemos econtrado y que tampoco nos gustaría perder.

Porque, observado desde arriba, este tiempo suspendido bien se asemeja a un río congelado, por debajo de cuya capa de hielo la vida ha seguido fluyendo…

 

solo en casa

 

 

 

 

 

 

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CORONAVIRUS, DIA TREINTA Y OCHO

21 martes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN

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AMENZADA DE ANDRÓMEDA, BLADE RUNNER, CARL SAGAN, CARLOS CASTANEDA, INTERSTELLAR, LYUBOV, MAKRO, OBVLIVION, PHILIP K. DICK, PLANETA DE LOS SIMIOS, REPLICANTES, RIDLEY SCOTT

«Brigadas de policías especiales, con el nombre de Unidades
de Blade Runners, tenían órdenes de tirar a matar
al ver a cualquier Replicante invasor.

A esto no se le llamó ejecución,
se le llamó… retiro»

(inicio de «BLADE RUNNER» – Ridley Scott – 1982)

 

Treinta y ocho días de confinamiento ya.

Hace ahora justo un mes que Ricardo pintó de negro los cristales de todas las ventanas. Y un poco antes, concretamente el tercer día, decidió no salir más a las ocho para aplaudir por el balcón. Sospecha que tiene su casa bajo vigilancia las 24 horas el día y ha minimizado cualquier contacto con el exterior.

El aviso de mensaje resuena, pues, como un estruendo dentro de su cabeza:

-Hola Ricardo! Como estas? A mí es agradable recibir tu respuesta. Soy contenta que hemos decidido continuar nuestro conocimiento. A mí será agradable conocer más sobre ti. Es interesante conócermete. También contaré un poco de mí. Mi nombre Lyubov. Mi edad de 42 años. Mi cumpleaños el 24 de marzo. Soy solitaria. No tengo ningunas relaciones. No tengo ningunos niños. Mi ciudad Novoanninsky. Oías nunca sobre mi ciudad? Es Rusia. Te gusta Rusia? Que piensas sobre las personas Rusas? Por desgracia, no tengo ningunos amigos en otros países. Te gusta tener el viaje? Me gusta viajar. Ya tener mucho yo la experiencia en los viajes. Mi último viaje es una Turquía. Es hermoso, y el país caluroso. Turquía – la zona grande balnearia. Esto era el viaje agradable.
También tenía el viaje a Europa. Por desgracia, esto era hace muchísimo 😦
Ricardo, quiero hablarte. Tenía nunca el conocimiento en el Internet. No tengo ninguna experiencia en esto. Pero pienso que esto no el problema. Que piensas en esto? Tenías ya el conocimiento en el Internet? Tienes el escéptico o los pensamientos optimísticos?
Veo que ti el hombre presente y honesto, Ricardo. También soy honesto contigo. Por eso quiero hablar. Mucho tiempo soy solitaria. Ya no soy una niña. Busco las relaciones serias y el amor. Quiero encontrar al hombre digno, y tener las relaciones serias. No busco ningunos juegos y los enlaces rápidos. Espero que encontraremos, que buscaba. 😉
Mandaré para tú un poco mis fotografías. Espero que podrás mandar también tus fotografías para mí. Pienso que esto nos ayudará mejor reconocerse. Espero, me escribirás muy pronto. Me es interesante, continuar nuestro conocimiento. He contado un poco de mí. Espero que contarás también de ti. 😉 A mí será agradable recibir tu respuesta, Ricardo.

Ricardo se concede su tiempo para contestar. Antes de ponerse a escribir, toma un par de yogures macrobióticos del frigorífico y los da de baja en la excel de inventario perpetuo que ha creado para controlar y gestionar sus víveres. Porque Ricardo es un obseso del orden y teme, entre otras cosas, sufrir una ruptura de stock.

No es que odie comprar, qué va, pero tampoco echa de menos la calle. Apenas le quedan ratos libres. Cuando no está estudiando los mensajes subliminales que, sobre la «Próxima Venida», se ocultan en los folletos del Aldi, o del Makro, se entretiene ordenando lo que llama «sus papeles», una suerte de macedonia de documentos impresos y sonoros que esconde en su archivo blindado y cuya combinación memorizó antes del encierro. No piensa anotarla jamás en ningún sitio. Para que nadie se la pueda robar.

En estos últimos días ocupa también su tiempo releyendo los libros de Carlos Castaneda, de Carl Sagan y los de Philip K. Dick, de los que tiene las obras completas. Los clásicos de los clásicos revisitados.

Solo ha tenido que leer el mensaje una vez.

«Para qué darle más cancha» -piensa- y, a continuación, escribe:

-Hola Lyubov, ¿cómo estás? En lugar de fotos y hablar de mi vida, te mando un acertijo: «Imagina que vas por el desierto, caminando sobre la arena, y te encuentras un galápago que yace sobre su espalda; con su estómago cociéndose al sol y moviendo sus patitas para darse la vuelta. Pero tú no le ayudas». Si te cuento esta situación,  ¿que es lo que pretendo de tí?

-Por qué no puedo volver a la tortuga? -responden al otro lado.

Acto seguido, Ricardo pulsa «borrar contacto», elimina la conversación y las fotos, y bloquea para siempre el número en su teléfono.

A Ricardo no le hacía falta aplicar una versión simple del test de Voight-Kampp (en realidad podría ser el test de Turing, pero así le llamó el maestro Dick, y así es como le gusta llamarlo) para saber que detrás de «Lyubov» se esconde un hacker ruso, un robot, o ambas cosas mezcladas en un mismo ente diabólico y sin empatía.

Con haberlo escrito en el buscador de Google éste le habría devuelto que «Lyubov» es la variación ucraniana de Ljuba, nombre de origen eslavo que proviene del término «l’ub», el cual hace referencia al amor y que más o menos se etiende como “amor básico”.

Pero Ricardo es un chico solitario, muy especial, al que treinta y ocho días de confinamiento se la traen al pairo. ¿Amores básicos? ¿Búsquedas facilonas en internet?

En realidad, Ricardo es un especialista en otro tipo de citas a ciegas y, de hecho, ha cortado por lo sano al boot porque esta noche se ha preparado una.

Ha cogido los DVD de «Minority report», «El Planeta de los Simios», «La Amenaza de Andrómeda», «Blade Runner», «Oblivion» e «Interstellar», les ha quitado las carátulas a los discos y, confundidos ya bajo el mismo color, el negro de sus cajas, los ha metido en una bolsa.

Será el azar quien le elija compañía para esta noche.

Y dejará tranquilos a los androides para que sigan soñando con sus ovejas eléctricas.

 

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Fotografía: Dos grandes entre los grandes. Ridley Scott y Philip K. Dick, juntos en 1982

 

 

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y SIETE

20 lunes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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AVIONETA, BATZAN, BIFOOT, CRACOVIA, DOLORES REDONDO, TIBET, TINTÍN, TROMPETA, YETI

Aparte de ser una entretenida historia de «mujeres fuertes», en la Trilogía del Batzán, de Dolores Redondo, se nos cuenta que entre la niebla y las sombras del Valle del Batzán se esconde una suerte de «guardián invisible», el Basajaun o «yeti vasco», cuya mención me trajo a la memoria lecturas infantiles sobre el llamado Bigfoot por los indígenas de Norteamérica, o las aventuras del mismísimo Tintín, que se fue al Tíbet en búsqueda del Yeti.

Son criaturas fantásticas, a la par que aterradoras, de las que no existen fotografías ni otros testimonios gráficos, pero de las que todo el mundo habla y hasta conoce a alguien que a su vez conoce a alguien… que sí las ha visto.

¿Cómo empieza un mito?

En Murcia no hay oscuros hayedos, como en el Valle del Batzán y, ni mucho menos, nieves perpetuas, como en el Himalaya. Ocupamos un terreno semidesértico que, a este paso y para cuando salgamos del confinamiento, no lo vamos a reconocer. Porque las estadísticas confirman que no ha habido un marzo tan lluvioso desde los años 40. Y abril tampoco se quiere quedar atrás.

Parece ser que lo de la avioneta dispersadora de nubes es cierto: podremos dar fe, durante generaciones, de que mientras el «Tío de la Avioneta» estuvo confinado (o en un ERTE), aquí llovió a mares.

Y hablando de mares -o de surcarlos- hoy nos llegan noticias de que después de estar confinados en una jaula de oro, acaban de desembarcar en Barcelona unos cruceristas que iban a dar la vuelta al mundo y que, cuando han regresado, se han encontrado con que el mundo se ha dado la vuelta.

No creo que en su periplo pasaran por Polonia lo que es una pena, porque Cracovia es una ciudad que, además de ser Patrimonio de la Humanidad y un lugar imprescindible para conocer, también es una ciudad de leyenda.

Entre las muchas que se cuentan por allí la más romántica -al menos a mí me lo pareció- es la historia del trompetista, y eso que las malas lenguas dicen que se la inventó un periodista americano, pero de la que yo no dudo que sea verdad.

Porque yo estuve allí y lo oí tocar. De verdad.

Una buena amiga me enseñó una vez que debía confiar más en lo que sentía que en lo que pensaba.

Así que, si mis ojos lo vieron en la torre y mis oídos escucharon su trompeta, ¿cómo iba a ser una leyenda?

 

tintin

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y SEIS

19 domingo Abr 2020

Posted by Time Advocate in PRÁCTICA JURÍDICA

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FRAGA, INQUILINO, JUNTA DE VECINOS, MURCIÉLAGO, PALOMARES, PROPIETARIO

«El humor y la timidez generalmente se dan juntos. Tú no eres una excepción. El humor es una máscara y la timidez otra. No dejes que te quiten las dos al mismo tiempo».

(Augusto MONTERROSO – «Te conozco, mascarita»)

 

Borrador de acta de junta extraordinaria:

En Murcia, a 19 de abril de 2020 y siendo las 20:20 horas (hemos tenido que esperar a que terminaran todos, pero todos, oye, de aplaudir, de cantar el «Resistiré» y hasta el himno de España), se reúne en el garaje comunitario la junta de vecinos del edificio, debidamente convocada al efecto con el siguiente y único

Orden del día:

1-. Estado de la piscina comunitaria. Medidas a adoptar (sin ruegos ni preguntas, menos mal).

Se declara válidamente constituida la junta (hoy, como no hay Champions, viene todo el mundo; bueno, por eso y porque no hay otra cosa mejor que hacer…).

Toma la palabra el Sr. Presiente de la Comunidad para exponer las razones por las que, pesar de estar casi en mayo, aún no se puede hacer uso de la piscina comunitaria:

-Queridos vecinos, queridas vecinas, os hemos convocado a esta reunión debido al preocupante estado que presenta la piscina comunitaria. Dada la gravedad nos hemos visto obligados a prorrogar su clausura por el bien de todos y de todas (vamos, que ha cogido un color verde de cojones, ¿es que no lo véis…?)

A continuación, toma la palabra la (bruja) vecina del Entresuelo «D» para quejarse de que «esto se-veía-de-venir, que ya lo habia avisado ella. Que en su momento y cuando avisó de las primeras tonalidades verduzcas se lo tomaron a chufla; y que el numerito que hizo el Presi de bañarse con el Meyba a lo Fraga en Palomares sobraba».

El vecino del Ático Derecha comenta que todo se debe a la cagadita de un murciélago, que tenían que haber «fornicao» la azotea hace tiempo, que se le llena toda de bichos y que está hasta las narices de tener vecinos arriba corriendo y jugando al fútbol durante el confinamiento…

Le interrumpe el Sr. Presidente y le reconviene para que no se salga del orden del día:

-Céntrate, Manolo, céntrate, que ahora estamos con lo de la piscina.

Toma la palabra la vecina del 4ºA (la lista que todo lo sabe) y explica que todo eso está muy bien, pero que la culpa la tiene la torre 5G que se instaló en la azotea, que debido a las ondas electromagnéticas que emiten ese tipo de torres se está contaminando todo y que por eso se ha echado a perder hasta el agua.

La vecina del 3ºA (otra que tal y con la que no se lleva nada de bien), le dice que cómo sabe eso, si es que se lo ha dicho su cuñado.

Antes de que se tiren de los pelos (y de las máscaras), interviene el Sr. Presidente para separarlas con el palo de la barredera respetando, como no podía ser menos, la distancia social de seguridad.

A continuación toma la palabra el vecino de 5ºB y pregunta si por lo menos puede bañar a su suegra, aunque solo sea cinco minutitos de nada, que le da mucha la pena la pobre mujer.

El Sr. Presidente (después de suspirar y mirar al techo) le dice que no, que la clausura no admite excepciones.

En ese momento entra al garaje Paqui, inquilina del 6ºA (y que por eso mismo no puede asistir a la junta, porque no es propietaria; lo que, por otro lado, es una verdadera pena, porque hay que ver -niña- qué buenorra que estás…), que viene de doblar turno en La Arrixaca y, nada más bajarse del coche, empieza a toser, lo que provoca una estampida de todos los vecinos, que huyen despavoridos sin despedirse.

Así que, siendo las 21:24 horas del día de la fecha, sin haber llegado a ningún acuerdo, yo, el Secretario Administrador, doy por terminada la reunión (y me voy a mi casa, a ver si de me arreglan el Zoom de una puñetera vez y no tengo que volver más a esta casa de locos).

fraga-palomares-playa-bano-almeria-bomba-nuclear

 

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CORONAVIRUS, DIA TREINTA Y CINCO

18 sábado Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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BORGES, BUENOS AIRES, EZEIZA, IBN ARABI, JOYCE, LA RECOLETA, LANGSDORFF, MAGRIS, SALAS SUBIRAT, ULISES

«Porque el viaje -en el mundo y en el papel- es de por sí un continuo preámbulo de algo que siempre está por venir y siempre a la vuelta de la esquina».

(Claudio MAGRIS – «El infinito viajar»)

 

Después de once horas de vuelo transatlántico me encuentro muy animado, sorprendentemente fresco. Son las 09:17 horas local y la temperatura que me espera fuera es de 24º C.

Uno contaba con econtrarse al personal agarrado a su respectiva bombilla de mate pero, qué va, no se nota ninguna diferencia con otros lugares. Como sucede en Madrid, Jerusalén, Roma o Varsovia, como ocurre en tantos y tantos sitios, en el Areopuerto Internacional de Ezeiza todos van pendientes de su pantallita.

Una vez pasado el trámite migratorio, encuentro el mostrador de los «Tienda León»;  fácil, a la salida y a la izquierda, justo donde se me había dicho. Enseguida arreglamos el trayecto y el precio.

Fuera de la terminal, el contraste con la temperatura de Madrid es notable. También la luminosidad, que me hace daño a los ojos. Menos mal que anoche, antes de embarcar, me dejé las gafas de sol a mano.

Y mi móvil, claro, con el que nunca me canso de tomar «instantáneas», pequeños anclajes que voy atesorando para regresar acá, cuando el viaje físico termine.

Nuestros primeros pasos nos llevan por La Recoleta y al compás de un dos por cuatro, a una librería que antes era un teatro. Nos tomamos un café allí mismo, en el antiguo escenario. Siento que hemos roto la cuarta pared, pero a la inversa. Los protagonistas somos nosotros.

Vine persiguiendo dos fantasmas, el de un escritor ciego y el del capitán Langsdorff («¿cuándo iremos a visitar el cementerio alemán?»), y me tropiezo con una biografia de Salas Subirat, un escritor autodidacta argentino que fue el primero que tradujo el «Ulises» de Joyce al español. Y, mira por dónde, también otra de Ibn Arabí, mi paisano más universal. Son señales de que estoy en el sitio correcto. De que estoy donde siempre quise estar.

Por si acaso todo fuera un sueño, tomo una instantánea. Una más.

A pesar de las once horas de vuelo y la diferecia horaria, me siento ligero, libre.

Mi guía me dice que no me fíe de la hora local, que tenga cuidado con el jetlag y que tengo que acostarme pronto.

-¿Y eso? ¿No podemos seguir un rato más?

-Puedes acomodarte y dormir aquí, en este sofá; solo tienes que apartar los cojines.

-No quiero dormir -protesto-. Tengo que ver tantas y tantas cosas todavía…

Los párpados me pesan una barbaridad y no me obedecen, a pesar que me los froto con energía.

Y de pronto, sueño.

Que todo es una pesadilla. Que todo es mentira. Que no estoy en Buenos Aires y que tengo que volver apresuradamente a casa. Que las terminales están desiertas. Que hace un mes que los aviones no vuelan si no es para transportar material sanitario.

Sueño que voy montado en un tren tercermundista con el que atravieso estaciones vacías de pasajeros y en las que únicamente hay herrumbrosos trenes de mercancías.

Viajo solo. Todo el mundo está confinado en su casa porque, ahora lo sé, afuera está muriendo gente.

Temo despertar.

El sofá y los cojines se parecían sospechosamente a los de mi casa.

foto ibnarabi

 

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y CUATRO

17 viernes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN

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CADENA PERPETUA, CARLOS I, DESCONFINAMIENTO, ESPERANZA, ITALIA, NO NEWS GOOD NEWS, PAPEL HIGIENICO, PATERAS

«La esperanza es algo bueno, quizás lo mejor de todo,

y las cosas buenas no mueren”

(Andy Dufresne en «CADENA PERPETUA»)

 

«Bailaré tangos… ja, cuando se seque el Océano».

«Puedo prescindir de todo en esta vida… menos del fútbol».

«¿Tener una cita contigo y comer otra vez juntos? Antes se congelaría el Infierno».

Cuántas frases limitadoras. Cuántas profecías que nunca pensaron en cumplirse. Cuántas esperanzas frustradas.

Pero llegó un día en que se paró el mundo. Y, a falta de fútbol, internet empezó a echar humo. Se habla de la cantidad de divorcios que vamos a tramitar tan pronto vuelva la «normalidad» a los juzgados. Pero nadie le echa cuentas a la cosa amorosa. En Tinder tienen que andar desbordados.

El emperador Carlos I dijo que hablaba en Español a Dios, en Alemán a su caballo… y en Italiano a las mujeres. La verdad es que «Ciao Bella» suena mejor que «Ola ke ase».

Llegan noticias desde Italia («di giorno ti penso, di nottte ti sogno») y esta vez son buenas. De esperanza. De un anticoagulante llamado «heparina».  De una lucecita al final de túnel.

Y parece que no es un bulo, porque ya están tratando de imaginarse cómo podrán ir a la playa este verano: con tumbonas y sombrillas que respeten la distancia de seguridad. Cómo sera la cosa que están pensando en deducciones fiscales para los que decidan hacer patria y pasar las vacaciones en su propio país (¿es que al final vamos a tener vacaciones?).

Que no es momento, aún, de lanzar las mascarillas al vuelo. Tampoco de volverse loco abrazando farolas. Pero podemos darle una oportunidad a la esperanza.

Esta semana algo me dice que se ha invertido la tendencia: los minutos -horas- empleados en llamadas y videollamadas profesionales ya supera a las personales.

De Amazon llega un paquete… en un día. Como antes.

Las declaraciones de la renta que salen a devolver se abonan en apenas cuestión de días.

El deporte profesional quiere reanudar competición, aunque sea a puerta cerrada. A lo mejor es que ya no hará falta usar más las instalaciones deportivas como morgues.

Se empieza a hablar de un «desconfinamiento» progresivo (a los mayores los dejan para los últimos, pero bueno).

Y todo un síntoma: ya no se consume tanto papel higiénico. ¿Se nos habrá pasado el susto? Los sondeos dicen, incluso, que esta crisis ha subido el sentimiento de orgullo español (como hay gente para todo, la hay también para hacer encuestas en plena crisis sanitaria).

Yo, hasta que no vea que vuelven las pateras, no me fiaría mucho. Por si acaso.

Y eso que a los políticos se le nota contentos, dedicándose otra vez a lo suyo, peleando por ampliar su caladero de votos.

Quizá sepan algo que no sabemos. Pero no nos lo dicen.

No news, good news.

Alegría.

Por cierto. ¿Dónde vais a pasar este fin de semana?

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CORONAVIRUS, DIA TREINTA Y TRES

16 jueves Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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ALEJANDRO, CADIZ, CESAR, JESUS, NELSON, TRAFALGAR, VERANO DEL 42

«Inglaterra espera que cada hombre cumpla su deber»

(Horatio NELSON, poco antes de iniciarse la Batalla de Trafalgar)

 

-Treinta y tres. Treinta y tres… ¿Lo he dicho bien, Doctora?

Lo repito otra vez, para los que perdieron la cuenta de este tiempo suspendido: que ya llevamos treinta y tres.

La edad de Cristo. Y la de Alejandro.

Estamos de enhorabuena. Porque antes del club de los 27, hubo otro todavía más selecto: el de los 33.

Cerquita del Cabo Trafalgar, en Cádiz, César lloró frente a la estatua de Alejandro Magno. Porque había cumplido esa edad sin haber consquistado el mundo.

Alejandro, Jesús, César.

Recuerdo que una vez tuve un cliente con un nombre muy peculiar. Por lo visto, desde chico tuvo que ser objeto de chanzas en el colegio, porque, al abrirle la ficha, me dijo:

-No se te va a olvidar mi nombre, Letrado.

-No -le dije-. Y puedes estar orgulloso. Pocas personas ha habido en la Historia tan grandes como para recordarlas solo por su nombre de pila: Alejandro. César. Jesús. Y ahora el tuyo. Hasta la vista, tío grande.

Volvamos a las lágrimas de César, que tenía sus propios motivos para llorar. A veces, las personas grandes necesitan hacerlo. Saben reir y saben llorar. Y eso las hace todavía más grandes.

Otras -en cambio- lloriquean porque este verano se quedan sin vacaciones. Desde sus poltronas se oponen a que el próximo mes de agosto se declare hábil. Y hasta le mandan una carta al Ministerio de Justicia exponiendo sus sinrazones.

No en mi nombre, desde luego; que a mi no me representan. No en mi nombre.

Pobres diablos. No saben que un tsunami les ha dado la vuelta al chiringuito y ahora navegan cabeza abajo. Como pasaba en el «Poseidón«. Y cuando afrontamos la prueba más dura  -como colectivo, como país, como sociedad- solo piensan ¡en sus vacaciones!

Nelson se removería en su tumba.

Pido -exijo- que en esta batalla me permitan cumplir mi deber. Si el virus nos concede una tregua, que está por ver, no se les ocurra cerrar los juzgados. No quiero vacaciones. Que no voy a llorar por eso.

Y al final, si tengo que echar alguna lagrimilla, que sea viendo Verano del 42.

Una historia de vacaciones en plena guerra. La única que me interesa.

 

CODA: En la imagen, una ilustre abogada disfrutando de sus próximas vacaciones de agosto. Porque podemos y tenemos derecho a reír y llorar al mismo tiempo.

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y DOS

15 miércoles Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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ANGELOPOULOS, BOSNIA, ITACA, ODISEA, ODISEO, PACO RABAL, PEPITO EL BOMBON, SARAJEVO, SPANIJA, TROYA, ULISES

«Cuando una persona elige una opción suceden tantas cosas por la noche, subterráneas, a escondidas, que quien elige es el último en percatarse»

R. POWERS («El clamor de los bosques»)

Sea por el vuelo de una mariposa o por elección propia, siguen pasando cosas. En la medida de lo posible, prefiero que sean por elección mía. Cuando ello no es así, solo queda sentarse y disfrutar del espectáculo.

Hoy amanece gris y con lluvia fina. Otro regalo para los sentidos. Me concedo el placer -otro más- de desayunar en la terraza.

A esta hora la calle es un ir -sin venir- de turismos, grúas y furgones. Son cerca de las 8 a.m., que es la hora en la que se reinician los trabajos en la obra de enfrente. Observo que la vida sigue su curso. Como en un teatrillo.

Los vecinos se van desperezando; encienden las luces y miran por la ventana. En mi calle, justo debajo, una patrulla del Ejército ha parado a una pareja que -al menos, eso parece- ha salido a tirar la basura. Entiendo la suspicacia de los militares y aguardo el resultado. Resulta que he cambiado el puente de mando por un palco.

Mirar, observar…

Hacía tiempo que quería hincarle el diente a «LA MIRADA DE ULISES» (Theo Angelopoulos – 1995), de la que tenía referencias a través de anteriores lecturas relacionadas con la Odisea. Y este pasado domingo consideré que era el indicado. Porque necesitas un domingo y, además, de tiempo suspendido, para ver una pelicula que dura ¡176 minutos!

El mito de Odiseo ha sido contado una y otra vez. Es, entre otras cosas, el relato de viajes por excelencia. Esta versión cinematográfica cambia la guerra de Troya por la de Bosnia. Y al protagonista, por un cineasta griego. Ítaca es Sarajevo, aquella ciudad de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984. «Mira, mira, papá. En lugar de España han puesto Spanija» -decía yo inocente mientras veíamos por televisión el desfile de apertura.

Años después la guerra acabó con ese recuerdo. Y con la inocencia.

Imposible no establecer paralelismos: el telediario de entonces abría, como el de ahora, con imágenes de instalaciones deportivas convertidas en morgues y la gente sin poder salir a la calle. Allí la cosa era más seria que arriesgarte a una simple multa. Te jugabas, literalmente, la vida en el pim pam pum de la famosa Avenida de los Francotiradores.

No estoy frivolizando. En poco más de un mes en España estamos contabilizando 19.000 muertos. Aquí también te juegas la vida si sales. Lo que pasa es que no todos son conscientes de ello. Esta vez, la pareja ha tenido suerte. Después de una charla, los militares les dejan seguir.

Me da cierto pudor consignar aquí que se me ha roto el altavoz con el que estos días estaba escuchando música. No querría que me pasara como con aquella historia que me contaba Pepito «El Bombón», cliente, amigo y maestro de tantas cosas, y al que Dios tenga en su Gloria.

Pepito era capaz de llamar a cualquier hora para hacerte una consulta:

-«Maravilloso -me llamaba así-, perdona que te moleste a estas horas. Ya sabes que a los amigos se les tiene para dos cosas. Para gorronearles tabaco y para darles por culo. Y como tu no fumas…»

Te contaba, a continuación, muy serio él, que estaba nervioso; tanto como su amigo ese que fue a un velatorio y, cuando le tocó dar el pésame, de lo atorado que estaba no se le ocurió otra cosa que decir:

-«Desde luego, Fulano, hay días en que es mejor que no amaneciera: a tí se te ha muerto tu padre y a mí se me ha perdido el mechero».

Y entonces El Bombón me soltaba una carcajada al otro lado del aparato que me sonaba igual que la de su paisano, el actor Paco Rabal. Otro genio y figura.

Cómo te lo diría ahora, Pepe.

Que en el tiempo suspendido también hay opción a que pasen cosas.

Ojalá me pudieras llamar mañana temparano y pudiera contarte lo que me merece la pena amanecer.

 

 

 

 

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