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“La esperanza es algo bueno, quizás lo mejor de todo,

y las cosas buenas no mueren”

(Andy Dufresne en “CADENA PERPETUA”)

 

“Bailaré tangos… ja, cuando se seque el Océano”.

“Puedo prescindir de todo en esta vida… menos del fútbol”.

“¿Tener una cita contigo y comer otra vez juntos? Antes se congelaría el Infierno”.

Cuántas frases limitadoras. Cuántas profecías que nunca pensaron en cumplirse. Cuántas esperanzas frustradas.

Pero llegó un día en que se paró el mundo. Y, a falta de fútbol, internet empezó a echar humo. Se habla de la cantidad de divorcios que vamos a tramitar tan pronto vuelva la “normalidad” a los juzgados. Pero nadie le echa cuentas a la cosa amorosa. En Tinder tienen que andar desbordados.

El emperador Carlos I dijo que hablaba en Español a Dios, en Alemán a su caballo… y en Italiano a las mujeres. La verdad es que “Ciao Bella” suena mejor que “Ola ke ase”.

Llegan noticias desde Italia (“di giorno ti penso, di nottte ti sogno”) y esta vez son buenas. De esperanza. De un anticoagulante llamado “heparina”.  De una lucecita al final de túnel.

Y parece que no es un bulo, porque ya están tratando de imaginarse cómo podrán ir a la playa este verano: con tumbonas y sombrillas que respeten la distancia de seguridad. Cómo sera la cosa que están pensando en deducciones fiscales para los que decidan hacer patria y pasar las vacaciones en su propio país (¿es que al final vamos a tener vacaciones?).

Que no es momento, aún, de lanzar las mascarillas al vuelo. Tampoco de volverse loco abrazando farolas. Pero podemos darle una oportunidad a la esperanza.

Esta semana algo me dice que se ha invertido la tendencia: los minutos -horas- empleados en llamadas y videollamadas profesionales ya supera a las personales.

De Amazon llega un paquete… en un día. Como antes.

Las declaraciones de la renta que salen a devolver se abonan en apenas cuestión de días.

El deporte profesional quiere reanudar competición, aunque sea a puerta cerrada. A lo mejor es que ya no hará falta usar más las instalaciones deportivas como morgues.

Se empieza a hablar de un “desconfinamiento” progresivo (a los mayores los dejan para los últimos, pero bueno).

Y todo un síntoma: ya no se consume tanto papel higiénico. ¿Se nos habrá pasado el susto? Los sondeos dicen, incluso, que esta crisis ha subido el sentimiento de orgullo español (como hay gente para todo, la hay también para hacer encuestas en plena crisis sanitaria).

Yo, hasta que no vea que vuelven las pateras, no me fiaría mucho. Por si acaso.

Y eso que a los políticos se le nota contentos, dedicándose otra vez a lo suyo, peleando por ampliar su caladero de votos.

Quizá sepan algo que no sabemos. Pero no nos lo dicen.

No news, good news.

Alegría.

Por cierto. ¿Dónde vais a pasar este fin de semana?