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AMANECE EN MERCURIO

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Publicaciones de la categoría: MOTIVACIÓN

CORONAVIRUS, DÍA CUARENTA

23 jueves Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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ALI BABA, ANTIGUO TESTAMENTO, BIBLIA, CUARENTA, DÍA DEL LIBRO, JESUS, MIL Y UNAS NOCHES, NUEVO TESTAMENTO, SHEREZADE

«Este año -dijimos al brindar en enero- va a ser un año inolvidable». Vaya si lo está siendo.

Estaba escrito: porque 20 y 20 suman 40. Y cuarenta son ya los días que llevamos de tiempo suspendido. Coincide, a la sazón, con el 23 de abril, Día del Libro.

Y si hay un libro de libros -al menos desde el punto de vista etimológico- ese es La Biblia, de entre cuyas páginas resulta que el cuarenta siempre ha sido un número muy especial: el Diluvio duró cuarenta días y cuarenta noches; el pueblo israelita vagó por el desierto guiado por Moisés cuarenta años, los mismos que duró el reinado de David, Saúl o Salomón…

Pero de entre todas las cuarentenas que se recogen en el Antiguo y Nuevo Testamento, quizá la más famosa de todas sea la que pasó Jesús en el desierto. Un tiempo de meditación, un tiempo de penitencia. Y también de tentaciones. En cierta medida, como lo que estamos viviendo.

Con independencia de credos o religiones, todas aquellas que han sido madres saben, porque la han pasado, lo que es una cuarentena, la del puerperio que, según me contaron, yo lo pasé en una incubadora.

No recuerdo el primer cuento que me contó mi madre pero estoy seguro que entre ellos tuvo que estar el de «Alí Babá y los Cuarenta Ladrones». Uniendo los puntos hacia atrás, de nuevo me aparece el número cuarenta, relacionado -asimismo- con otro libro que es, a su vez, recopilatorio de relatos. Me refiero, por supuesto, a «Las mil y una noches».

Resumido en un tuit, «Las mil y una noches» cuenta la historia de un sultán que tenía la manía de casarse con una virgen cada día y a la que mandaba decapitar al día siguiente; así estuvo el hombre hasta que dio con una chica lista, la princesa Sherezade, quien, para evitarlo, se dedicó a contarle todas las noches una historia para mantenerlo despierto y cautivado hasta el amanecer (entonces no estaba Netflix ni HBO).

Y por lo visto, se daba tanta maña la muchacha que el sultán le respetaba la vida ante la perspectiva de perderse la siguiente narración por venir. Y así estuvo una noche y otra y otra, encadenando relatos uno tras otro, unos dentro de otros. Hasta sumar mil y una noches.

Dicen que quien escribió «Las mil y una noches» se inventó la historia de Sherezade como hilo conductor y recurso narrativo para dotar de coherencia y una cierta unidad a todos los relatos. Puede ser.

Añado que el asunto contiene otra moraleja: que las narraciones, cuando son buenas, te pueden quitar horas de sueño, pero te hacen ganar años de vida.

Feliz Día del Libro.

 

 

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y NUEVE

22 miércoles Abr 2020

Posted by Time Advocate in MOTIVACIÓN

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BARES, GABINETE CALIGARI, MUÑOZ MOLINA, NIÑOS, PARCHIS

Como se decía cuando jugábamos al parchís, estamos «a palico de una» de contarnos cuarenta.

Sumando días y sumando semanas -prórroga a prórroga- esto ha tomado forma y se parece ya a una cuarentena de verdad. La que nunca habíamos vivido -hasta ahora- y la que contaremos a nuestros nietos. Si llegamos a esa edad y si tenemos nietos, eso sí. Porque si hay algo que todos -sin excepción- deberíamos haber aprendido es a no hacer planes de vida, más allá del trimestre que viene y solo por aquello de cumplir con Hacienda. Que también somos todos.

No se ha terminado este tiempo suspendido, cierto; pero el lazo está aflojándose. Lo noto en mi trabajo. Lo noto a mi alrededor…

Que por supuesto tendrán que tomarse las medidas correspondientes, vale. Que se habla de una «nueva normalidad», distinta a lo que hemos conocido (mamparas, mascarillas, guantes…), de acuerdo.

Pero con la faena y el lío que llevo, a veces se me olvida que estamos en pleno Covid19. Luego, como a la Rana Gustavo, va y se me pasa. Me lo recuerdan mi mascarita, mis guantes de látex y la botellita de hidroalcohol. Por cierto, ¿alguien ha pensado reconvertir la vieja petaca para estos menesteres? Todo en la vida, pero todo, tiene una segunda oportunidad. Nos vamos a hacer también expertos en reciclaje.

A partir del lunes los niños podrán salir a la calle. Otro indicio de «recuperación». Antes también podían, pero la gente no se estudió la letra pequeña del Decreto. Estaban más entretenidos leyendo bulos o difundiéndolos.

Lo niños -se puede decir ya- han sido un ejemplo para todos. Se adaptaron más fácilmente a la nueva situación gracias a su capacidad para ello -así lo dicen, al menos, los especialistas-, pero por nadie pase. Y ellos, que no se olvide, están pasando la prueba con nota. En esa materia se merecen un sobresaliente general.

Oigo quejas por todos lados, de padres cargados de tareas y de profesores que ahora no tienen horario. Pero eso no es nada comparado con la que se avecina.

¿Qué pasará cuando se pueda volver a trabajar? Si las aulas están cerradas, ¿con quién se quedarán los niños y en qué condiciones? ¿Como Macauley Culkin, solos en csa?

Puede ser otro terremoto social, a añadir a las consecuencias del parón económico, y cuando hay un terremoto ya se sabe, se sacuden los cimientos y se disuelve «todo lo que era sólido», como diría Muñoz Molina.

Estamos en pleno proceso de licuefacción social. Pero que no se entienda como algo pesimista. Ante los nuevos retos, soluciones imaginativas. Porque gobernar y liderar también era esto.

Para los que no gobernamos y tan solo somos súbditos-contribuyentes, ser patriotas ha consistido -hasta ahora- en quedarnos tirados en el sofá. Más adelante, demostraremos lo españolazos que somos, colgados de las barras de los bares, qué lugares… esos que son «tan gratos para conversar». A beber y a bailar como si no hubiera un mañana; sobre todo ahora que sabemos que, a lo peor, a la próxima no lo contamos.

Tenemos una lista de cosas para hacer cuando pase todo esto. Me consta que esa lista va creciendo, que cada cual le añade planes y más planes, algunos ya con intereses de demora y todo.

Pero, antes de que esto acabe, también habría que hacer una lista con las cosas positivas que nos hemos econtrado y que tampoco nos gustaría perder.

Porque, observado desde arriba, este tiempo suspendido bien se asemeja a un río congelado, por debajo de cuya capa de hielo la vida ha seguido fluyendo…

 

solo en casa

 

 

 

 

 

 

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y SIETE

20 lunes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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AVIONETA, BATZAN, BIFOOT, CRACOVIA, DOLORES REDONDO, TIBET, TINTÍN, TROMPETA, YETI

Aparte de ser una entretenida historia de «mujeres fuertes», en la Trilogía del Batzán, de Dolores Redondo, se nos cuenta que entre la niebla y las sombras del Valle del Batzán se esconde una suerte de «guardián invisible», el Basajaun o «yeti vasco», cuya mención me trajo a la memoria lecturas infantiles sobre el llamado Bigfoot por los indígenas de Norteamérica, o las aventuras del mismísimo Tintín, que se fue al Tíbet en búsqueda del Yeti.

Son criaturas fantásticas, a la par que aterradoras, de las que no existen fotografías ni otros testimonios gráficos, pero de las que todo el mundo habla y hasta conoce a alguien que a su vez conoce a alguien… que sí las ha visto.

¿Cómo empieza un mito?

En Murcia no hay oscuros hayedos, como en el Valle del Batzán y, ni mucho menos, nieves perpetuas, como en el Himalaya. Ocupamos un terreno semidesértico que, a este paso y para cuando salgamos del confinamiento, no lo vamos a reconocer. Porque las estadísticas confirman que no ha habido un marzo tan lluvioso desde los años 40. Y abril tampoco se quiere quedar atrás.

Parece ser que lo de la avioneta dispersadora de nubes es cierto: podremos dar fe, durante generaciones, de que mientras el «Tío de la Avioneta» estuvo confinado (o en un ERTE), aquí llovió a mares.

Y hablando de mares -o de surcarlos- hoy nos llegan noticias de que después de estar confinados en una jaula de oro, acaban de desembarcar en Barcelona unos cruceristas que iban a dar la vuelta al mundo y que, cuando han regresado, se han encontrado con que el mundo se ha dado la vuelta.

No creo que en su periplo pasaran por Polonia lo que es una pena, porque Cracovia es una ciudad que, además de ser Patrimonio de la Humanidad y un lugar imprescindible para conocer, también es una ciudad de leyenda.

Entre las muchas que se cuentan por allí la más romántica -al menos a mí me lo pareció- es la historia del trompetista, y eso que las malas lenguas dicen que se la inventó un periodista americano, pero de la que yo no dudo que sea verdad.

Porque yo estuve allí y lo oí tocar. De verdad.

Una buena amiga me enseñó una vez que debía confiar más en lo que sentía que en lo que pensaba.

Así que, si mis ojos lo vieron en la torre y mis oídos escucharon su trompeta, ¿cómo iba a ser una leyenda?

 

tintin

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CORONAVIRUS, DIA TREINTA Y CINCO

18 sábado Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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BORGES, BUENOS AIRES, EZEIZA, IBN ARABI, JOYCE, LA RECOLETA, LANGSDORFF, MAGRIS, SALAS SUBIRAT, ULISES

«Porque el viaje -en el mundo y en el papel- es de por sí un continuo preámbulo de algo que siempre está por venir y siempre a la vuelta de la esquina».

(Claudio MAGRIS – «El infinito viajar»)

 

Después de once horas de vuelo transatlántico me encuentro muy animado, sorprendentemente fresco. Son las 09:17 horas local y la temperatura que me espera fuera es de 24º C.

Uno contaba con econtrarse al personal agarrado a su respectiva bombilla de mate pero, qué va, no se nota ninguna diferencia con otros lugares. Como sucede en Madrid, Jerusalén, Roma o Varsovia, como ocurre en tantos y tantos sitios, en el Areopuerto Internacional de Ezeiza todos van pendientes de su pantallita.

Una vez pasado el trámite migratorio, encuentro el mostrador de los «Tienda León»;  fácil, a la salida y a la izquierda, justo donde se me había dicho. Enseguida arreglamos el trayecto y el precio.

Fuera de la terminal, el contraste con la temperatura de Madrid es notable. También la luminosidad, que me hace daño a los ojos. Menos mal que anoche, antes de embarcar, me dejé las gafas de sol a mano.

Y mi móvil, claro, con el que nunca me canso de tomar «instantáneas», pequeños anclajes que voy atesorando para regresar acá, cuando el viaje físico termine.

Nuestros primeros pasos nos llevan por La Recoleta y al compás de un dos por cuatro, a una librería que antes era un teatro. Nos tomamos un café allí mismo, en el antiguo escenario. Siento que hemos roto la cuarta pared, pero a la inversa. Los protagonistas somos nosotros.

Vine persiguiendo dos fantasmas, el de un escritor ciego y el del capitán Langsdorff («¿cuándo iremos a visitar el cementerio alemán?»), y me tropiezo con una biografia de Salas Subirat, un escritor autodidacta argentino que fue el primero que tradujo el «Ulises» de Joyce al español. Y, mira por dónde, también otra de Ibn Arabí, mi paisano más universal. Son señales de que estoy en el sitio correcto. De que estoy donde siempre quise estar.

Por si acaso todo fuera un sueño, tomo una instantánea. Una más.

A pesar de las once horas de vuelo y la diferecia horaria, me siento ligero, libre.

Mi guía me dice que no me fíe de la hora local, que tenga cuidado con el jetlag y que tengo que acostarme pronto.

-¿Y eso? ¿No podemos seguir un rato más?

-Puedes acomodarte y dormir aquí, en este sofá; solo tienes que apartar los cojines.

-No quiero dormir -protesto-. Tengo que ver tantas y tantas cosas todavía…

Los párpados me pesan una barbaridad y no me obedecen, a pesar que me los froto con energía.

Y de pronto, sueño.

Que todo es una pesadilla. Que todo es mentira. Que no estoy en Buenos Aires y que tengo que volver apresuradamente a casa. Que las terminales están desiertas. Que hace un mes que los aviones no vuelan si no es para transportar material sanitario.

Sueño que voy montado en un tren tercermundista con el que atravieso estaciones vacías de pasajeros y en las que únicamente hay herrumbrosos trenes de mercancías.

Viajo solo. Todo el mundo está confinado en su casa porque, ahora lo sé, afuera está muriendo gente.

Temo despertar.

El sofá y los cojines se parecían sospechosamente a los de mi casa.

foto ibnarabi

 

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CORONAVIRUS, DIA TREINTA Y TRES

16 jueves Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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ALEJANDRO, CADIZ, CESAR, JESUS, NELSON, TRAFALGAR, VERANO DEL 42

«Inglaterra espera que cada hombre cumpla su deber»

(Horatio NELSON, poco antes de iniciarse la Batalla de Trafalgar)

 

-Treinta y tres. Treinta y tres… ¿Lo he dicho bien, Doctora?

Lo repito otra vez, para los que perdieron la cuenta de este tiempo suspendido: que ya llevamos treinta y tres.

La edad de Cristo. Y la de Alejandro.

Estamos de enhorabuena. Porque antes del club de los 27, hubo otro todavía más selecto: el de los 33.

Cerquita del Cabo Trafalgar, en Cádiz, César lloró frente a la estatua de Alejandro Magno. Porque había cumplido esa edad sin haber consquistado el mundo.

Alejandro, Jesús, César.

Recuerdo que una vez tuve un cliente con un nombre muy peculiar. Por lo visto, desde chico tuvo que ser objeto de chanzas en el colegio, porque, al abrirle la ficha, me dijo:

-No se te va a olvidar mi nombre, Letrado.

-No -le dije-. Y puedes estar orgulloso. Pocas personas ha habido en la Historia tan grandes como para recordarlas solo por su nombre de pila: Alejandro. César. Jesús. Y ahora el tuyo. Hasta la vista, tío grande.

Volvamos a las lágrimas de César, que tenía sus propios motivos para llorar. A veces, las personas grandes necesitan hacerlo. Saben reir y saben llorar. Y eso las hace todavía más grandes.

Otras -en cambio- lloriquean porque este verano se quedan sin vacaciones. Desde sus poltronas se oponen a que el próximo mes de agosto se declare hábil. Y hasta le mandan una carta al Ministerio de Justicia exponiendo sus sinrazones.

No en mi nombre, desde luego; que a mi no me representan. No en mi nombre.

Pobres diablos. No saben que un tsunami les ha dado la vuelta al chiringuito y ahora navegan cabeza abajo. Como pasaba en el «Poseidón«. Y cuando afrontamos la prueba más dura  -como colectivo, como país, como sociedad- solo piensan ¡en sus vacaciones!

Nelson se removería en su tumba.

Pido -exijo- que en esta batalla me permitan cumplir mi deber. Si el virus nos concede una tregua, que está por ver, no se les ocurra cerrar los juzgados. No quiero vacaciones. Que no voy a llorar por eso.

Y al final, si tengo que echar alguna lagrimilla, que sea viendo Verano del 42.

Una historia de vacaciones en plena guerra. La única que me interesa.

 

CODA: En la imagen, una ilustre abogada disfrutando de sus próximas vacaciones de agosto. Porque podemos y tenemos derecho a reír y llorar al mismo tiempo.

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CORONAVIRUS, DÍA TREINTA Y DOS

15 miércoles Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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ANGELOPOULOS, BOSNIA, ITACA, ODISEA, ODISEO, PACO RABAL, PEPITO EL BOMBON, SARAJEVO, SPANIJA, TROYA, ULISES

«Cuando una persona elige una opción suceden tantas cosas por la noche, subterráneas, a escondidas, que quien elige es el último en percatarse»

R. POWERS («El clamor de los bosques»)

Sea por el vuelo de una mariposa o por elección propia, siguen pasando cosas. En la medida de lo posible, prefiero que sean por elección mía. Cuando ello no es así, solo queda sentarse y disfrutar del espectáculo.

Hoy amanece gris y con lluvia fina. Otro regalo para los sentidos. Me concedo el placer -otro más- de desayunar en la terraza.

A esta hora la calle es un ir -sin venir- de turismos, grúas y furgones. Son cerca de las 8 a.m., que es la hora en la que se reinician los trabajos en la obra de enfrente. Observo que la vida sigue su curso. Como en un teatrillo.

Los vecinos se van desperezando; encienden las luces y miran por la ventana. En mi calle, justo debajo, una patrulla del Ejército ha parado a una pareja que -al menos, eso parece- ha salido a tirar la basura. Entiendo la suspicacia de los militares y aguardo el resultado. Resulta que he cambiado el puente de mando por un palco.

Mirar, observar…

Hacía tiempo que quería hincarle el diente a «LA MIRADA DE ULISES» (Theo Angelopoulos – 1995), de la que tenía referencias a través de anteriores lecturas relacionadas con la Odisea. Y este pasado domingo consideré que era el indicado. Porque necesitas un domingo y, además, de tiempo suspendido, para ver una pelicula que dura ¡176 minutos!

El mito de Odiseo ha sido contado una y otra vez. Es, entre otras cosas, el relato de viajes por excelencia. Esta versión cinematográfica cambia la guerra de Troya por la de Bosnia. Y al protagonista, por un cineasta griego. Ítaca es Sarajevo, aquella ciudad de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984. «Mira, mira, papá. En lugar de España han puesto Spanija» -decía yo inocente mientras veíamos por televisión el desfile de apertura.

Años después la guerra acabó con ese recuerdo. Y con la inocencia.

Imposible no establecer paralelismos: el telediario de entonces abría, como el de ahora, con imágenes de instalaciones deportivas convertidas en morgues y la gente sin poder salir a la calle. Allí la cosa era más seria que arriesgarte a una simple multa. Te jugabas, literalmente, la vida en el pim pam pum de la famosa Avenida de los Francotiradores.

No estoy frivolizando. En poco más de un mes en España estamos contabilizando 19.000 muertos. Aquí también te juegas la vida si sales. Lo que pasa es que no todos son conscientes de ello. Esta vez, la pareja ha tenido suerte. Después de una charla, los militares les dejan seguir.

Me da cierto pudor consignar aquí que se me ha roto el altavoz con el que estos días estaba escuchando música. No querría que me pasara como con aquella historia que me contaba Pepito «El Bombón», cliente, amigo y maestro de tantas cosas, y al que Dios tenga en su Gloria.

Pepito era capaz de llamar a cualquier hora para hacerte una consulta:

-«Maravilloso -me llamaba así-, perdona que te moleste a estas horas. Ya sabes que a los amigos se les tiene para dos cosas. Para gorronearles tabaco y para darles por culo. Y como tu no fumas…»

Te contaba, a continuación, muy serio él, que estaba nervioso; tanto como su amigo ese que fue a un velatorio y, cuando le tocó dar el pésame, de lo atorado que estaba no se le ocurió otra cosa que decir:

-«Desde luego, Fulano, hay días en que es mejor que no amaneciera: a tí se te ha muerto tu padre y a mí se me ha perdido el mechero».

Y entonces El Bombón me soltaba una carcajada al otro lado del aparato que me sonaba igual que la de su paisano, el actor Paco Rabal. Otro genio y figura.

Cómo te lo diría ahora, Pepe.

Que en el tiempo suspendido también hay opción a que pasen cosas.

Ojalá me pudieras llamar mañana temparano y pudiera contarte lo que me merece la pena amanecer.

 

 

 

 

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CORONAVIRUS, DIA TREINTA Y UNO

14 martes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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AZUL, BENEDETTI, BORGES, BUENOS AIRES, CORTÁZAR, EFECTO MARIPOSA, LEYENDA DE LA MARIPOSA AZUL, MARIPOSA, MORPHO, ROMA, SAN TELMO, TRASTEVERE

«Esta mañana desperté emocionado
con todas las cosas que tengo que hacer
antes que el reloj sonara».

(«Cómo va a ser tu día hoy» – Mario BENEDETTI)

Emocionado.

Porque me desperté sin reloj.

Porque aún no me había dormido y ya estaba deseando abrir los ojos.

Porque todo el mundo cree vivir la misma pesadilla.

Y a mí ya solo me da por soñar con que mi trastero sea cada vez más pequeñito.

Después de soñar un rato más despierto, el trigésimoprimer día de este tiempo suspendido ha sido el día del reabastecimiento: he comprado comida para pasar, cuando menos, otro mes más encerrado en casa. Bueno, prefiero pensar que, en realidad, lo hago navegando en un crucero imaginario.

Antes de reembarcarme y afrontar la segunta etapa de esta aventura, he conseguido ver a mis hijos. Están en plena forma. Al menos lo que se ve desde la calle, a través de una ventana y por encima de la mascarilla.

Mi hija me agradece la visita a su manera y me despide con guasa: «Adiós, señor repartidor de Glovo» (le he llevado un par de smothies de frambuesa y una tableta de chocolate «Valor» con stevia: sus favoritos). Humor negro, como el chocolate. Tiene a quién parecerse.

Al llegar a casa me entretengo un rato en ordenar y organizar una compra que me ha costado dos viajes subir desde el garaje. Como es lógico, empiezo con los refigerados.

Y la veo allí.

Hace tiempo que de la puerta de mi frigorífico se enseñoreó una mariposa azul que compré en Roma, paseando una noche de primavera por el barrio del Trastevere. Ahí la tengo, como digo, mirando tres imanes que son otras tantas efigies de Borges, Cortázar y… Benedetti, el del poema. Son otros recuerdos que también reabastecen mi alma viajera. Pero en este caso traídos del Mercado de San Telmo, en Buenos Aires.

Para los antiguos, la mariposa es el emblema del alma y de la atracción inconsciente hacia lo luminoso. Dicen que es el símbolo del renacer porque representa, asimismo, la necesidad de cambio y mayor libertad.

El tiempo suspendido también está siendo un tiempo de transformación. El personal anda enredado pensando en qué cosas podrá mantener de su antigua vida, sin ser consciente de que algunas han cambiado… y lo han hecho para siempre.

Una vez superada la «Amenaza de Andrómeda», yo os pregunto: ¿A qué le tenéis miedo? ¿A que la entrada del Mercadona sea más complicada que acomodarse en un avión de Ryanir? Bueno, pues yo no. Así no echo de menos el «priority» y ni las restricciones para el equipaje de mano. Porque mi mariposa curiosa y viajera tenía programado para hoy, precisamente hoy, un viaje a Tenerife. En su lugar, ha recorrido un par de supermercados con cajeras vestidas de odalisca… Y todo porque otra mariposa, negra como un murciélago, agitó antes sus alas en algún lugar de Asia.

Porque no todas las mariposas son iguales. La mía, además de lectora curiosa, es azul. No sé por qué, pero siempre me han atraído especialmente las que son de ese color.

Así que se me ha ocurrido mirar por internet y, aparte de enterarme que son originarias de América del Sur y Centroamérica, a las mariposas azules se les llama «Morpho».

Son peleonas, por lo visto, y además vuelan de forma irregular. Eso explica que sufran, con frecuencia, daños en las alas. Me he fijado y he visto que la mía también tiene un ala recortada. ¿Desde cuándo?

Sobre las mariposas azules, además, existe una leyenda que dice así:

«Hace muchos años un hombre enviudó y quedó a cargo de sus dos hijas. Las niñas eran muy curiosas, inteligentes y siempre tenían ansias de aprender. Constantemente asediaban a su padre con preguntas. A menudo el hombre podía responder sabiamente, sin embargo, en ocasiones no estaba seguro de poder ofrecerles a sus hijas una respuesta acertada.

Viendo la inquietud de las dos niñas, decidió enviarlas una temporada a convivir con un sabio que vivía en lo alto de una colina. El sabio era capaz de responder a todas las preguntas que las pequeñas le planteaban, sin ni siquiera dudar. Pero, un día, las hermanas idearon una pícara trampa para medir la sabiduría del sabio. Decidieron realizarle una pregunta que fuese incapaz de responder»

Las niñas se pusieron manos a la obra para llevar a cabo su plan. La mayor salió al campo y atrapó una mariposa azul, envolviéndola en su delantal para que no se escapase. A continuación, comenzó a explicarle a su hermana cuál sería el proceder.

«Mañana, mientras sostengo la mariposa azul en mis manos, le preguntaremos al sabio si está viva o muerta. Si responde que está viva, apretaré mis manos y la mataré. En cambio, si afirma que está muerta, la liberaré y volará libre. De esta forma, sea cual sea su respuesta, siempre será incorrecta».

A la mañana siguiente las niñas acudieron al sabio, deseosas de hacerle caer en su trampa, y le formularon la pregunta. Pero el hombre sonrío tranquilo y calmado y procedió a responder:

«Depende de ti, ella está en tus manos».

El viejo de la leyenda, por lo visto, era Benedetti, cuyo poema «Cómo va a ser tu día hoy» termina así:

«Lo que suceda hoy depende de mí. 

Yo debo escoger qué tipo de día voy a tener.

Que tengas un gran día…

a menos que tengas otros planes».

 

Processed with Focos

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CORONAVIRUS, DIA TREINTA

13 lunes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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BESOS, GOBIERNO, HACIENDA, lunes, MERCADONA, plazos, SELFIE

Otro lunes que por fin es lunes. Con el mejor desayuno y amanecer posibles.

Atendidas las circunstancias, se entiende.

El día treinta de este tiempo suspendido será el día internacional de muchas cosas pero, por caer en el 13 de abril, también lo es «del beso». De momento, y no sabemos hasta cuándo, tenemos que conformarnos con mandarlos así, sellando los labios con la pantalla del móvil. Después… ya veremos.

Coincidiendo con el final de la Semana Santa, nuestro Gobierno ha tenido a bien «deshibernarnos». O como se diga. Mi actividad profesional -por otro lado- me permite salir a la calle, si bien con las limitaciones que todos ya conocemos. Vence plazo para presentar los trimestres en Hacienda (no me fío de que la Sra. Ministra al final los aplace). Y tampoco me queda mucha comida que digamos.

Puede parecer una boutade -sobre todo cuando el personal anda como loco por pasear perros y bolsas del Mercadona- pero a mí no me hace ninguna gracia pisar la calle.

Así que he diseñado, al milímetro, un plan perfecto para ir al despacho, hacer luego la compra y a la vuelta -que me pilla de paso- ver a mis hijos en persona, guardando la distancia, eso sí. ¿Notarán si les lanzo un beso a través de la mascarilla?

Mientras me preparo, oigo el sonido de la grúa de la obra de enfrente. Parece que es cierto, que hoy se despereza la actividad económica. O una parte de ella.

Después de dedicar un rato a recortarme la barba (da igual que lleve mascarilla o no), me visto con vaqueros, camisa azul, corbata con topos blancos y una chaqueta sport. Aparte de salir bien en la videollamada que tengo programada para las once, quiero hacerme un selfie en mesa de despacho con la mascarilla. De recuerdo (espero).

Además, visto lo que se dice y escribe por ahí, corro el riesgo de que me pare la Policía. O un comando del Ejército. Y no sé por qué, creo que con la chaqueta y la corbata igual resulta más creíble exponerles que mi propósito es ir a trabajar. Porque no quiero que me pase como al pianista de Polanski y tener que gritar eso de:

-¡No disparen! Soy polaco…

En el coche el reloj todavía marca, todavía, una horita menos. Ahora caigo en la cuenta de que en un día de estos suspendidos tuvimos que adelantar los relojes.

Apenas salgo de mi garaje cuando, como todos los días, transito por la calle «MAESTRO JOSE RAMON SAEZ», calle que dedicaron en su día a mi abuelo paterno (para el que no lo sepa). En cualquier caso, al ver mi nombre en la placa y circulando despacio por una calle desierta, siento que estoy viviendo un especie de Show de Truman. Sí, a mí también hay veces que me pasa.

Conforme me acerco a mi oficina y después de un mes sin hacer el recorrido, noto cómo los solares tienen la hierba más alta. Y veo también muchas, muchas flores. El tráfico es fluido, las calles lucen limpias y hasta la estación de servicio informa de que el gasóleo ha bajado del euro. No todo va a ser malo. Aun así, no me termino de fiar de las supuestas bondades de este ¿sueño?. Me pregunto si funcionará el ordenador después de treinta días o me tendrá bloqueado un buen rato mientras se actualiza.

Después de hacerme el selfie para el recuerdo, la mañana se va llenando de imprevistos y de llamadas… Apenas he tenido un rato para hacer el cappuccino de costumbre.

Cuando se hacen las 14:30 horas me tengo que volver a casa a comer, por supuesto sin comprar nada y sin ver, tampoco, a mis hijos.

Adiós jornada planificada, adiós. Tengo que volver por la tarde -me digo- puesto que no se han quedado presentados todos los trimestres.

Y es que, como dijo Helmuth Von Moltke,

Ningún plan de batalla sobrevive al contacto con el enemigo

Y de regreso a casa, justo cuando estoy recordando esa frase -lo juro- veo un cartel de publicidad enorme, junto a un salón de celebraciones, en el que aparece la foto de dos jóvenes sonrientes y la leyenda:

«Se nos casan Ramon e Isabel – 7/11/2020»

Pues eso.

Que hablando de hacer planes, chavales, que tengáis toda la suerte del mundo.

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CORONAVIRUS, DÍA VEINTINUEVE

12 domingo Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN

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35, CATEDRAL, DEL REVÉS, EXALTACIÓN DE LA AMISTAD, FONTANA DI TREVI, JUMILLA, MENGUAL, MOLINA DE SEGURA, MURCIA, PIXAR, POR CUNA CABEZA, TANGO, TAORMINA

El vigesimonoveno día de este tiempo suspendido, otrora Domingo de Resurrección, me lo he desayunado con una sonrisa, una taza de té y esa canción de Los Secretos que tanto nos gusta y que habla, también, de resurrecciones:

«He muerto y he resucitado.

Con mis cenizas un árbol he plantado.

Su fruto ha dado

y, desde hoy, algo ha empezado».

Ayer me tomé el día de fiesta.

Para empezar, me dí un paseo por las calles de Murcia. Un paseo literario, claro, de la mano del famoso Mercero de Molina, Paco López Mengual.

¡Quién dijo que quedarse en casa era incompatible con pasear por las calles de Murcia!

El libro de Mengual condensa en uno los tres tipos de paseo que Frédéric Gros distingue en su ensayo «Andar, una filosofía»:

«Está el paseo como rito absoluto, creación de un alma infantil; el paseo como libre distracción, recreo del espíritu; y el paseo como redescubrimiento«.

Cuando vuelva a pisar esas calles juro que no volveré a verlas con los mismos ojos.

-¿Seguirán -me pregunto- los Dimitri tocando «Por una cabeza» en la Plaza de la Cruz, justo en la esquina donde empiezan los Soportales de la Catedral?

El confinamiento le ha dado la vuelta -como a un calcetín- a muchas cosas de la vida y nos la ha puesto «del revés», como el título de aquella maravillosa película de Pixar. Antes uno paseaba para suspender -por un tiempo determinado- las preocupaciones del día a día. Y acallar esas voces que, como nos recuerda esa película, llevamos dentro.

Ahora pasa justo lo contrario. Que mueves los pies con la mente, con la que vuelas de La Fontana Di Trevi al Teatro Greco di Taormina, por ejemplo. De este confinamiento vamos a salir todos con habilidades insospechadas, más allá de manejarnos con soltura con todas las plataformas de videollamada múltiple.

Y como me sucedía antes de que llegar el tiempo suspendido, resulta que mi paseo puede derivar en «tardeo» y en el famoso «no me toquéis las palmas, que me conozco». Así que ayer fue también un día de «quedadas».

Bajé al trastero a por una botella de vino que, como el velón del otro día, guardé para una especial ocasión; porque esa fue la única condición que me puso quien, con todo su afecto, me la regaló un día de esos apresurados, en los que tanto corres -para no llegar a ningún sitio-, con el móvil en una mano y en la otra, la cartera.

El vino se llama (se llamaba, porque en mi crucero imaginario ya ha sido despedido con salvas y honores) «35»; es de D.O. Jumilla y su etiqueta contiene, como no podia ser menos, toda una exaltación de la amistad:

«35 apasionados del vino, amantes de la vida, amigos del alma y optimistas sin cura».

Una proclama, una declaración de principios a la que en su momento no le eché cuentas, pero que ahora me llega bien dentro y cobra todo sentido. Otro mensaje en una botella.

El roce con las amistades está suspendido, pero sigue latente; como las semillas en el desierto, a las que bastan unas simples gotas de agua para que germinen. En nuestro caso, una copa de vino y una buena conexión de internet.

Y como esto es un «no parar», termino apresurado la entrada de hoy, que «me han vuelto a liar» y a las 13:30 tenemos «videoaperitivo».

Positivos y optimistas sin cura, doctora. Porque la vida -como el agua- siempre busca su camino y cada cual sabrá encontrar el suyo.

Pero mejor -mucho mejor- caminando acompañados, como dice la canción.

MENGUAL

 

 

 

 

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CORONAVIRUS, DÍA VEINTISIETE

10 viernes Abr 2020

Posted by Time Advocate in INSPIRACIÓN, MOTIVACIÓN, Sin categoría

≈ 1 comentario

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BELLEZA Y FRAGILIDAD, COSMONAUTAS, DESCOMPRESIÓN, INGRAVIDEZ, LIBRO NEGRO DEL EMPERENDEDOR, LUNA, MIGUEL ANGEL HERNANDEZ, NAZARENOS, REY LOBO, SUBMARINOS, TRIAS DE BES

El vigésimoséptimo día de este tiempo suspendido empieza a ritmo de tambor destemplado. Esta vez no se han esperado a la hora de los aplausos. Es Viernes Santo y, por lo visto, tengo un vecino nazareno. Nazareno y motivado.

Lo escucho desde mi terraza mientras me desperezo y le doy los buenos días al Rey Lobo. Además de una aleta de tiburón, como dije ayer, Monteagudo semeja de lejos también la torreta de un submarino. Y el Santo, su periscopio.

Y hablando de submarinos.

Me acuerdo de lo que contaba el economista Trias de Bes («El libro negro del emprendedor»), que ya nos previno de los socios: si necesitas capital, dijo, mejor pide un préstamo; si necesitas mano de obra, contrata operarios. Pero si, por lo que sea, no puedes prescindir de ellos, antes de iniciar cualquier negocio intenta imaginarte cruzando el Atlántico con los posibles candidatos … encerrados en un submarino.

Noto que a estas alturas de confinamiento está afectando la presión. Sobre todo desde ayer, en que se confirmó lo que algunos ya sabíamos: que esto va para largo.

En una charla retransmitida por Instagram (mi primera vez, aquí queda consignado), escucho esta tarde al escritor Miguel Ángel Hernández decir que lo único que tenemos que hacer es estar en casa y preocuparnos solo de que «no se nos vaya la pinza». Tiene razón.

Navegar en un submarino, sin tener referencias de fechas, o si es de día o de noche, tiene que afectar al cuerpo y a la mente. Y no digamos ya a las relaciones interpersonales. Así que me da igual que sea Viernes Santo. Como si es lunes. El despertador suena a la misma hora e intento mantener una rutina: un tiempo para la lectura, otro para el trabajo, otro para el ejercicio físico, otro para la formación y otro para las llamadas… A veces hasta me acuerdo de comer. Pero no dejo que «se me vaya la pinza».

Como ejemplo me vale el del submarino, pero también podría ser el de una estación espacial o una expedición científica en la Antártida. Los cenizos me dirán que esa gente está preparada, que lo hacen de forma voluntaria, que es su elección… Bueno, yo con cenizos no querría ni ir al supermercado de la esquina. Y menos en un submarino. Por si se les va la pinza y empieza a molestarles que me deje la tapa del váter abierta. O miguitas en la encimera de la cocina. Mejor solo.

Hay gente que te dice que no aguanta más; que está deseando salir y recuperar su vida pasada (qué ilusos). No sé si estamos preparados para gestionar la fase de descompresión.

Porque tampoco va a ser fácil. Los buzos que regresan muy rápido a la superficie corren el riesgo de sufrir un síndrome de descompresión. Y a los cosmonautas recién aterrizados los tienen que coger en brazos; que de tanta ingravidez se les encogieron los músculos de las piernas.

Sea lo que sea, ya se verá. No tengamos prisa.

Y quedémonos con la parte positiva de esta historia, que también la tiene.

Que al volver a la Tierra podamos decir que desde nuestro confinamiento la vimos como algo bello y frágil a la vez. Al menos así lo han contado quienes han tenido la suerte de verla desde la Luna.

Belleza y fragilidad. Eso es lo que veo todos los días desde que me levanto hasta que me acuesto.

 

 

 

 

 

 

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