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Antes de escribir esta entrada me acordé de una sección de aquel mítico programa (“Caiga quien Caiga”) que se llamaba “Curso de ética periodística”.  Enseguida se entenderá por qué.

Los domingos son los días ideales para leer la prensa tranquilo, sin prisas, con un almuerzo digno de un príncipe y, a ser posible, con el móvil apagado. Suelo elegir un periódico local y otro de la Capital del Reino. Como mínimo.

Tomando distancia, de la lectura de la prensa llega uno a la conclusión de que no todos los muertos son iguales. Hasta me he atrevido a hacer una clasificación, según cómo sean tratados por los plumillas.

En primer lugar tienes a las que puedes llamar “Muertas-Asesinadas”, que se presentan así: “18 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año, 1.051 desde que empezaron a contabilizarse en 2003″. O así: “La última víctima es …. asesinada en el sábado 4 de abril por su marido, de 62 años, la segunda durante el estado de alarma por el coronavirus”.

Son víctimas “de primera” (entiéndase la ironía y dicho sea con el debido respeto): se conoce su vida y milagros, nombre, apellidos, edad… Son víctimas “visibilizadas”.

Y las reacciones son inmediatas: “ni una menos”, “no todas estamos”, “faltan las asesinadas”, “si nos tocan a una nos tocan a todas”; y así.

Luego te encuentras los que puedes llamar “Muertos-Curritos”, los que pierden la vida en el tajo, normalmente vestidos con un mono azul.

Ejemplo de titular sería: “Un total de 120 trabajadores fallecieron en accidente laboral hasta el pasado mes de febrero, 27 más que en el mismo periodo de 2019, lo que implica un 29% más en valores relativos”.

Normalmente no se conoce su nombre y apellidos, con suerte la empresa para la que prestaba servicio y poco más.

Las reacciones son como esta: “CCOO de Navarra, tras el accidente el viernes de un trabajador de Elecnor, ha calificado hoy de inadmisible el aumento de la siniestralidad, por lo que exige a las empresas el escrupuloso cumplimiento de la normativa”.

Como siempre, tener un culpable al que apuntar tranquiliza las conciencias.

En tercer lugar tienes los “Muertos-Accidentados” (en la carretera, se entiende).

Los titulares parecen más un epígrafe de un trabajo de fin de grado que otra cosa: 20 muertos en carretera durante el puente de Todos los Santos, 13 más que en 2018 Cuatro de los fallecidos iban en moto, según el balance de la Dirección General de Tráfico“.

Las reacciones a esas frías estadísticas suelen ser tibias: “La siniestralidad en este puente de Todos los Santos también contrasta con el descenso progresivo en los índices de mortalidad de los últimos años. Solo este verano, España registró el menor número de muertes en carretera en periodo estival: 220. Sin embargo, los usuarios vulnerables (motoristas, peatones y ciclistas) que pierden la vida en las vías interurbanas siguen aumentando” y bla bla bla

Menos mal que los anuncios y las campañas de la DGT nos recuerdan que cada siniestro esconde detrás una tragedia familiar,

Me quedan, en cuarto lugar, los “Muertos-Covid19”.

El titular con el que me desayuno hoy es: “Los fallecidos caen a 143, la cifra más baja desde el 18 de marzo”.

Y las reacciones que leo son de este tenor “El reparto imposible de las vacaciones este verano”. “Nos vamos a pegar por la fase 3”. “Si no sabemos qué vamos a hacer la semana que viene, ¿cómo vamos a organizar unas vacaciones a dos meses vista? Las viejas reglas se imponen en una situación nueva”.

Sí, hemos leído bien. 143 fallecidos ¡en un día! es una “buena” noticia. La cuenta está más que asimilada.

Conclusión: ni siquiera la muerte nos iguala a todos.

No sé cómo se puede hacer, no lo sé; pero si todas las cajetillas de tabaco llevan el “fumar mata” impreso, a lo mejor debería hacerse un esfuerzo similar con el bicho y hacer campaña para frenar la alegría con la que nos estamos “desescalando”.

Porque de “desescalar” a descalabrar hay poquitas letras de diferencia.