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“Construyes, destruyes
El universo con tu poder
Rehuyes, intuyes
Vientos suaves o de huracán
Nunca podrás cambiar
Mi marcha, ni mi juego
Nunca podrás cambiarme
Nunca, nunca, podrás cambiar
Dinero, dinero”

(OBÚS – “Dinero, dinero“)

 

Amaneció el día cincuenta y cuatro del tiempo suspendido intuyendo que hoy no tenía por qué ser un día cualquiera. A lo mejor estaba escrito en las estrellas. O a lo mejor solo dependía de nosotros.

¿Quién decide cuándo es Plenilunio? ¿Quién le dio cita a las Acuáridas? ¿Cuándo se le cuadró la agenda al Universo?

La mía está hecha -literalmente- unos zorros.

-Apunta la cita y la hora… -le digo a mi cliente.

-No te preocupes, Jose -me replica-. Que el dinero ayuda a la memoria.

Vaya.

Y yo que pensaba que lo que potencia la memoria es comer pasas.

Antes se aprendía en el colegio la lista de los reyes godos, todos los ríos de España y hasta sus afluentes; memorizabas la tabla periódica de los elementos y las de multiplicar. Se hacía a base de codos, cantando, recitando. Una hora y otra y otra (¿me tomas la lección, mamá?). Un día y otro día… Hasta que se grababa en la memoria. Y ya no se olvidaba.

Dicen que Boris Johnson, el Premier británico, es capaz de declamar -de memoria- los hexámetros iniciales de la Odisea: “Háblame, musa, de aquel varón ingenioso que anduvo errante largo tiempo…”. Y lo hace, además, en griego clásico.

Boris, el bueno de Boris, ha salido de esta y vive para contarlo. ¿Le servirá la experiencia para ablandarse y devolverle a los griegos los frisos del Partenón? Sería una buena oportunidad.

Además de aprenderse la historia de Homero seguro que recuerda que Pericles murió en Atenas precisamente por la peste. Boris, tienes mucha memoria pero no tienes corazón.

Mucha gente piensa que estudiar Derecho es eso, clavar codos y aprender leyes de memoria. Confunden las oposiciones a notarías o a registros con los estudios previos.

La memoria es algo devaluado (“la inteligencia de los tontos”, dicen); devaluado salvo cuando se escribe con mayúsculas y se apellida “histórica”. Entonces sí, para eso nunca falta… dinero.

Dinero, dinero.

Esta mañana alguien me dijo que, estando confinados en casa, su familia está ahorrando dinero.

Otros lloran porque no lo tienen.

También los hay -pobrecitos- a los que la posiblidad de que se lo expropien no les deja dormir.

Dinero, dinero.

A la gasolinera que hay junto a mi despacho le debió de llegar noticia de que ya no pagan porque te lleves el petróleo: subieron los precios. Ya se sabe lo que se dice por ahí, que las bencinas caen como una pluma, pero suben como un cohete.

Por redes sociales corre la noticia de que la nómina de un médico contratado en plena pandemia es de 1.046,58 €. Y te ponen la foto para corroborarlo. ¿Será verdad?

Hay más de trece mil pensionistas que, muy a su pesar, van a colaborar en ahorrar… dinero.

Fallecieron con el Covid19 y ni siquiera han tenido un entierro digno de ese nombre.

Dinero, dinero.

A mediodía me recordaron que la corrupción en España se ha llevado auténticas morteradas en “mordidas”. Y me pasan hasta la cifra.

La actualidad manda y nadie habla ya de aquellos procesos interminables que acaparaban portadas; de jueces quemados (algunos achicharrados, más bien); de delitos prescritos… De las togas negras que empuñaron cazarmariposas para cazar elefantes.

Y cuando algún incauto se dejó atrapar -o se quedó sin “padrino”- resultó que el proceso tampoco ha servido para recuperar el… dinero.

Así que el sistema premia al delicuente al por mayor. “Ya que te pones, hazlo a lo grande. Que la culpa de todo esto la tienen los alemanes. Que ponen muy caros los Mercedes, los BMW y los Audi”.

Los de la Justicia piensan que abrir en agosto atenta a sus derechos. Dicen algunos que, si no dan marcha atrás, harán huelga.

Y a nadie se le cae la cara de vergüenza de ir a “Europa” a pedir… dinero.

Bah, estiércol del diablo, que dijo San Agustín.

Spotify -sin avisar- de pronto te recuerda una canción y todo lo que lleva asociado. O es el Facebook, que publica recuerdos de justo hace un año. Caigo en la cuenta que hemos externalizado la memoria.

A veces, solo a veces, cualquier tiempo pasado nos parece mejor. No tiene por qué ser necesariamente malo recordar.

Cosas de hace un año y de esta misma mañana.

Mientras tanto, miras el cielo, con su noche de Plenilunio y lluvia de estrellas.

En el recuerdo, las Gemínidas y, mucho antes, las Leónidas.

Siempre puntuales a sus citas.

Buenas noches, Acuáridas.

PLENILUNIO