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“Escucha bien, mi viejo amigo
No sé si recordarás
Aquellos tiempos ahora perdidos
Por las calles de esta ciudad
Leímos juntos libros prohibidos
Creímos que nada nos haría cambiar
Vivimos siempre esperando una señal”

(LA FRONTERA – “El límite”)

 

Hasta que se decretó el inicio de este tiempo suspendido y se cerraron las fronteras, estaba ya más que normalizado que muchos ciudadanos vivieran en Portugal -o en Francia- y se desplazaran a España a trabajar, a hacer sus compras o a tomarse unas cañas. Y viceversa.

Conozco algún caso y lo que me cuentan mis amistades de por allá es kafkiano. Hay que ver cómo le cambia la vida a uno en un plis plas.

Pero esta nueva “normalidad” no solo se sufre entre países que hasta hace poco compartían el llamado espacio Schengen.

El plan de desescalada nacional ha desempolvado la vieja organización territorial de Javier de Burgos y convertido los límites provinciales en las nuevas fronteras, invisibles, sin aparentes signos externos, pero, hoy por hoy, infranqueables.

Es como nadar en una pecera y toparte con la nariz cada vez que llegas a un borde.

Saliendo de la Provincia de Murcia hacia la de Alicante, siguiendo la línea de la costa, hay una pequeña localidad que se llama El Mojón. A continuación y siguiendo esa misma línea -una vez adentrado en Alicante- te encuentras las urbanizaciones de Las Villas y La Torre de la Horadada.

Aunque zona alicantina, son miles los murcianos que pasan el verano allí, que tienen una segunda residencia y -algunos afortunados- hasta un barco en el puerto deportivo.

En la fase actual de desescalada aún no se puede ir allá porque, al ser de otra provincia, no está permitido. No es una cuestión baladí. Te juegas una multa cuantiosa. Y maldita la gracia, porque los que tienen segunda residencia y el barquito en el agua siguen pagando sus impuestos y sus cuotas.

Aún así -les digo- tened cuidado con nuestros amigos los pilareños.

Hace ya unos cuantos años el Pilar de la Horadada y San Pedro del Pinatar mantuvieron un litigio por una cuestión de lindes y un “no me toques los mojones”; tanto se enconó la disputa que llegó hasta el Tibunal Supremo. Da igual quién ganara y quién no. Así se las gastan en El Pilar y en San Pedro. Que son gente seria y legalista hasta donde haga falta.

Ah, qué tiempos aquellos los de mi querido Rey Lobo, donde la frontera por el norte del Reino de Murcia llegaba hasta Albarracín, en la actual Provincia de Teruel…

He oído por ahí que algunos han pensado agazaparse en El Mojón y “cruzar la frontera” amparados por la oscuridad de la noche. Que es mucho el “monazo” que tienen de playa y barco.

Yo, por si acaso, me esperaría a que sea luna nueva; y, de cruzar este nuevo limes que separa los antiguos Reinos de Murcia y de Valencia, lo haría andando hacia atrás. Por si me pillan los municipales, o la Guardia Civil, que tiene su cuartelillo justo al pie de la Torre vigía que le da nombre a La Horadada.

A mí, que enseguida se me va a la imaginación, me veo a más de uno de estos “espaldas mojadas” haciendo lo de la famosa escena de Plummer y Peck en la película “Escarlata y Negro“: que ahora piso la raya, que ahora no, que ahora la piso, que ahora no.

Mi penica es que no esté abierto “The Corner” para pillarme un quinto y echarme unas risas. Eso sí, a salvo y desde “El Mojón, por supuesto.

Dura lex, sed lex, queridos.

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Foto: el autor, o sea yo, documentándome para esta entrada del blog y completando mis estudios de “Fronterología” al otro lado del Atlántico. La de cosas que aprende uno sin pensar en que luego le pueden servir…