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Lo dijo Hamlet: “Ser o no ser”. Lo dijo Paul Samuelson: “Cañones o mantequilla”. Esa es la cuestión.

En el decimosexto día del este tiempo suspendido se apuesta ya por los cañones. Todo el sistema productivo nacional entra en “hibernación” (sic). Como los osos.

Los Amancios y los Armanis, no obstante, se han reciclado y andan poniendo sus emporios al servicio de la colectividad. Chicos listos, además de generosos. De esa manera sus negocios siguen siendo esenciales, mantienen la actividad y, de paso, el empleo.

Yo solo tengo que darles las gracias. Porque bien podrían haberse recluido en una isla privada y desentenderse del problema. No nos engañemos. Además de filántropos, tienen detrás a un buen equipo de comunicación. Bien que hacen. “Que lo olvidao, ni agradecío ni pagao“.

No sé si será un bulo, pero leo también que el petróleo entra en ¿precios negativos? Derivada lógica, dado el parón general de toda la economía. De pronto, las grandes reservas pueden ser un estorbo porque no se queman apenas combustibles fósiles. En Madrid desaparece la boina de contaminación y hasta se recupera la capa de ozono a niveles de hace 30 años.

Economía, Ecología y, también, Derecho. Se publican artículos sobre si es legal o no difundir imágenes grabadas desde el balcón a personas que se saltan el confinamiento. Personas que son detenidas por ¡salir a correr! Quién lo hubiera dicho.

Las palabras empiezan a mudar también de significado. Por ejemplo, “balconing”, que ya no es tirarse a la piscina en un hotelucho de las Baleares. El “balconing”, ahora, es agazaparse y apuntar al vecino con el móvil.

Antes de que en Cataluña se popularizaran los “CDR”, en Cuba ya existía un sistema homónimo (Comités de Defensa de la Revolución) que, con la excusa de organizar el mantenimiento de edificios, la limpieza de calles, la separación de residuos, el patrullaje nocturno de vigilancia… con esa excusa, dicen, se creó una estructura que vigilaba y controlaba la vida -pública y privada- de los vecinos.

Delación entre vecinos que tampoco ha sido propia o específica de una ideología. Porque en el lado opuesto, en Estados Unidos y en tiempos del “macartismo”, sucedía otro tanto, en este caso frente a los comunistas. El cuerpo social podría estar infectado por los otros, por los traidores y los desafectos. O como los judíos, a los que los nazis llamaron, sin ambages, “el bacilo disolvente de la sociedad”.

En esta hibernación, los osos que no se reciclan tendrán que dormir la cuarentena mientras que se despiertan otro tipo de alimañas.

De pronto, tu vecino se puede convertir en tu enemigo.

Este tiempo suspendido empieza a parecerse mucho a “La invasión de los ultracuerpos” (1978).

Las calles vacías.

Solo se escuchan los pájaros…

-Matthew, Matthew…

 

 

(Felices sueños)