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De mi profesor de Derecho Romano aprendí, antes que sobre acciones edilicias, el Digesto o lo que era el “senadoconsulto macedoniano”, lo que significaba el término “misógino”.

Al hilo de sus clases magistrales (se llaman así, ¿no?) hablaba de las putas distinguiendo, por un lado, las que eran profesionales de todas las demás.

Es decir, que las primeras eran las comerciaban con su cuerpo por la “pecunia numerata” o, como gustaba de decir, por engordar la víscera más sensible del ser humano: la cartera.

Y luego estaba el resto de putas. Todas las demás.

Viene a cuento acordarse de eso en estos días convulsos en los que allende los mares el Sr. Trump dice que el muro con México lo van a pagar los mexicanos.

Y cuando se habla de muros es inevitable acordarse, por ejemplo, de las imágenes de “El Pianista”, de Roman Polanski, recreando lo que fue el gueto de Varsovia. O todavía más palpable (en sentido literal, porque ahí sigue para verlo y hasta tocarlo), del muro de Podgorze, Crakovia (Polonia), donde la parte alta se coronó con unas formas que imitaban las lápidas de los cementerio judíos (la forma era el mensaje: “de aquí no vais a salir vivos”).

Este fin de semana leo otro artículo en el que se analizan las consecuencias que para el sistema británico de salud tendrá el Brexit; no puedo evitar erizarme cuando uno de los posibles afectados trata de tranquilizarse y manifiesta al periodista que “no creo que nos deporten, nos necesitan”. ¿Recuerdan esa frase? ¿No era al que decía uno de los judíos en “La Lista de Schindler”?

Y faltaba, para rematar, lo de ETB de este fin de semana, hablando de los españoles en términos despectivos: solo les faltaba tacharnos de “bacilo disolvente de la sociedad”, entre otras lindezas.

El eterno “ellos y nosotros”.

Líbreme Dios de hacer ningún tipo de apología de los nazis (alemanes). Solo apunto que es evidente que tuvieron un problema de marketing. A lo mejor no les ayudaban esos uniformes diseñados por Hugo Boss, que los hacía tan visibles.

Mi conclusión es que siempre ha habido y siempre habrá nazis: primero claro, estaban los alemanes, los que perdieron la guerra (incluida la del “marketing de las ideas”); y luego, todos los que han venido después, sus actuales herederos intelectuales.

Todos los demás.

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