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La acción da vida al aprendizaje y es la que conduce a la comprensión y a la asimilación de la información (ANTXO PÉREZ)

Lunes, sí, lunes.

Pasamos a la acción, lo que supone colocarnos un pasito más cerca de nuestros objetivos.

¿Agobiado? ¿Con prisas?

Antes de plantearse la aplicación de cualquier técnica y, por supuesto, de pensar en implementar algún método de gestión de tiempo, lo primero es gestionar la crisis que hoy mismo, en este momento, ocupa nuestra mente.

¿Estás sobrepasado por un objetivo o por un plazo?

Si es así, tendrás sentimientos negativos que son el resultado de haber roto tus compromisos.

Para enfrentar este momento tienes tres opciones:

1.- No contraer el compromiso, esto es, ser consciente de tus limitaciones y admitir que el objetivo era demasiado ambicioso o que estaba lejos de tu alcance, puesto que no fuiste realista a la hora de adquirirlo.

2.- Cumplir el compromiso, aunque no sea de manera totalmente satisfactoria. Recuerda: “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

3.- Renegociar el compromiso, porque un compromiso renegociado no es un compromiso roto.

El siguiente paso es superar las barreras emocionales (dispersión, estrés, ansiedad, frustración…), que afectan a tu productividad y de qué manera.

Para ello, busca tu bienestar físico; el ejercicio o cualquier otra distracción ayudan a “desconectar”.

A continuación, ASUME LA RESPONSABILIDAD sobre la gestión de tu tiempo.

Para ello procura un ambiente de trabajo propicio: utiliza la mesa para procesar papeles, no para almacenarlos (ya puedes ir usando la papelera).

A continuación limita las distracciones (detecta los ladrones de tiempo y acaba con ellos).

Finalmente, avisa a los compañeros y familiares de tu propósito.

Recuerda: hazlo ya. Hoy. Ahora mismo. No pospongas, no dilates.

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