Etiquetas

, , , , , , ,

Quienes me conocen saben cómo me gano la vida.

Ni mi actividad profesional ni mi formación académica tenían nada que ver con esta industria. Por eso me fié de lo que decía el B.O.E. (“nunca más”) y me tiré de cabeza a la piscina. Ahora me parece increíble, sí, pero en aquel momento no podía sospechar nada.

Lo de la fotovoltaica fue, como cuentan en la prensa y por resumir aquí, una supuesta inversión en futuro: futuro para mi país, que carece de combustibles fósiles pero tiene Sol a manta… y futuro para mi familia, en la idea (ingenua como se ha visto después) de procurarnos unos ingresos con el horizonte de la jubilación.

Tan bien lo pintaron todo que hubo una auténtica fiebre para montar campos solares.

Nueve años después me encuentro con que no solo no tengo ningún retorno de esa inversión sino que, por contra, mes a mes tengo que detraer de mis ingresos personales dinero para pagar el préstamo. Por supuesto, llevo la cuenta de todo lo que llevo pagado en este tiempo… y lo que te rondaré, morena.

Hay quienes cuentan los días que le quedan para estar en prisión. Yo, los meses, años, que restan para librarme de estas cadenas. No me sirve de consuelo conocer a otras personas que están en la misma situación.

Se hace muy cansado ya explicar a los profanos cómo te sientes cuando te cambian las reglas del juego a mitad de partido. Pero es así. Y no veas la cara de tonto que se te queda.

Antes me dolía la incomprensión de terceros que, ajenos a esta monumental estafa, te decían que eso no se sostenía, que era algo inverosímil, que cómo se nos ocurrió meternos en algo que dependía de las primas para salir adelante… Puedes vivir soltero, puedes estar divorciado y aun así siempre te salen “cuñados” sabihondos por todas partes. Qué le vamos a hacer. Ahora ni siento ni padezco.

Dice el refrán, con toda la razón, que lo que no te mata te hace más fuerte. He aprendido mucho: de puertas giratorias, del jeroglífico en que se ha convertido el recibo de la luz, y hasta de permutas de tipos de interés, por supuesto, pero también de que hay dos tipos de personas: los que hemos nacido para trabajar y los parásitos, esos que vinieron al mundo solo para veranear.

Y que para seguir veraneando en el cortijo no tienen empacho en envenenar a la opinión pública y mentir descaradamente, afirmando, para mayor recochineo, que si el recibo de la luz sube es por culpa de las energías renovables. Dímelo a la cara, si te atreves.

Nueve años después uno siente una natural desconfianza frente a todo lo que tenga tufo a “gubernamental” o “institucional”.

“Con la garantía del Estado”. Venga ya… Que no cuenten conmigo.

No me queda más remedio que confiar en la Justicia, que necesariamente tendrá que venir de fuera de este mi propio país, cuyos gobernantes me hacen sentir, conforme voy pagando por las dichosas placas, más lejano y extraño, si cabe. Lejano, sí, como también lo estarán viendo los responsables de este desaguisado allá donde estén, disfrutando de su rapiña bajo la salvaguarda de algún paraíso fiscal.

Anuncios