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Por lo visto, trabajar como señor-letrado-de-un-banco te hace un ser superior, que está por encima del Bien y del Mal y, por supuesto, de cualquier norma deontológica o de cortesía profesional.

Lo digo por un individuo (me resisto a llamarlo “compañero”) con el que he estado negociando –o al menos eso pensaba yo- para llegar a un acuerdo judicial de pagos.

El susodicho me ha estado dando largas, no ha contestado llamadas ni tampoco correos, salvo el primero y eso porque lo pillé desprevenido: no sabía ni de qué expediente se trataba. Me ha obligado, en definitiva, a ir detrás de él con el consabido “qué hay de lo mío, cómo lo llevas”.

A todo esto, mi Cliente y su esposa, a la que también engancharon como fiadora, pasando las de Caín, puesto que en su vida han dejado a deber un simple café y ahora se encuentran con sus magras propiedades embargadas por una entidad sin prestigio -aun a pesar de cambiar varias veces de nombre y recibir una morterada de euros en ayudas públicas- y con un servicio que tiene menos credibilidad que Pepe Sacristán haciendo de Batman.

-¿Han aceptado la oferta? ¿Se sabe algo? –escucho apretando puños para no decir ninguna barbaridad.

El tiempo pasa, los intereses corren mientras que al otro lado de la línea nos topamos con un muro enladrillado con desprecio.

¿Es normal que tarden tanto en darte una respuesta?

Y en esas estamos cuando, meses después de absoluto silencio, resulta que su “banquito” ha cedido la deuda a un fondo buitre, que este verano se la reclama a mi Cliente por correo con aviso de inclusión en fichero de morosos; con lo que vuelta a empezar y a darle vueltas al torno.

Lo peor de todo es que, después de llamar al teléfono que figura en la carta y pasarme de una operadora a otra, me emplazan para primeros de septiembre: al estar judicializado el expediente, primero tienen que consultar al que lo lleva… si, a ese, al abogado “en plaza” (sic).

Y yo cruzando los dedos para que no sea el mismo.

Más que por nada por aquello de que cuando se dice de alguien que tiene mando “en plaza” es porque demuestra autoridad para dominar una situación.Y como sea este quien deba decidir sobre la oferta, tendremos que esperar a que el Mar Menor se regenere.

Es decir, al Final de los Tiempos.

Voy a poner mis pies a remojo que hoy tengo la cabeza muy caliente.

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