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Para un servidor, redactar un escrito forense es algo más que juntar unas cuantas letras, cortar y pegar cuatro sentencias y pedir lo que se nos ocurra en ese momento.

Es cierto que el papel lo soporta (casi) todo, pero no es menos cierto que si algo queda de tangible en la prestación de servicios jurídicos es eso, un escrito. Y, como siempre dice mi madre (mi primera maestra), quien no te conoce te juzgará por lo que lee.

Por sus escritos los conoceréis, parafraseando las Sagradas Escrituras.

Dándole vueltas al asunto de la escritura, con minúscula, estas son las cosas que más me suelen molestar, que actúan a modo de saboteadores mentales y añaden un plus de “penosidad” a mi tarea:

1.- Interrupciones

Los compañeros que me lean saben a qué me refiero. Estás escribiendo, empiezas el texto con el consabido “AL JUZGADO, Dª. Fulanica, Procuradora de los Tribunales, colegiada número …” y en ese momento, llamada. Atiendes, apagas el teléfono, recompones la figura y empiezas otra vez: “AL JUZGADO, Dª. Fulanica, Procuradora de los Tribunales, colegiada número …”. Justo, justo, justo en ese momento, un toc-toc en la puerta del despacho (que habías cerrado por algo, claro) y un “perdona la interrupción, ¿estás ocupado?”, y tú, claro, dices, ya no, dime. Atiendes, recompones la figura y empiezas otra vez: “AL JUZGADO, Dª. Fulanica, Procuradora de los Tribunales, colegiada número …”, y entonces es cuando te avisan de que tienes visita, “¿visita, yooo?, ostras, claro, era a las 12 ¿son las 12 yaaaa? Cómo pasa el tiempo”.

Toda la mañana con el dichoso escrito y no has pasado del “AL JUZGADO, Dª. Fulanica, Procuradora de los Tribunales, colegiada número …”

2.- Numerar los documentos

Los ciclistas las llaman “etapas pestosas” y para mí no hay mejor término para definir esta tarea: “pestosa”. Y no te digo cuando son cientos y cientos de documentos los que acompañas a la demanda, sobre todo cuando se trata de facturas, albaranes, recibos de pago y extractos contables. Cuidado con dejarte alguno, que enfrente te lo van a revisar bien. Documento número 1, documento número 138, documento 453… y así.

3.- Redactar un escrito en apelación

Me da igual que seas recurrente o recurrido, apelante o apelado… Dios mío, ya he superado lo de verme y oírme en una grabación, pero qué trabajo cuesta volver a estudiar el asunto, partiendo prácticamente de cero. Es el día de la marmota, en versión jurídica. Fortaleza de ánimo, serenidad, decisión, respirar hondo… y tres padrenuestros.

4.- Rellenar un formulario online

Lo tienes todo presto y dispuesto para presentar y, ah, ojo, hay que rellenar algún formulario online (ojo con la que se nos viene con Lexnet), por ejemplo, para liquidar la dichosa tasa judicial. Pulsas “rellenar formulario”, introduces datos y, cuando crees que lo tienes todo hecho, zas, se borra y vuelta a empezar, jurando en arameo y maldiciendo la estirpe del genio que programó el formulario.

5.- Cuando está impreso y grapado el escrito…

… con sus copias y todo y descubres, con horror, que los párrafos no cuadran con lo que había en pantalla, quedándose una línea, triste y solitaria como el Cadillac, en el último folio. Claro, ya sabes que hay una “cosa” que se llama PDF, que la configuración de la impresora no es la misma de la pantalla, pero es algo que sucede a menudo y da mucha rabia.

6.- Los contratos y sus versiones

Te encargan un contrato “a medida”, te vistes de sastre jurídico, estudias, buceas, analizas pros y contras, te pones en lo peor (eso siempre, en lo peor) y vas redactando cláusula tras cláusula. Le das vueltas, imprimes un borrador y otro y otro, hasta que, satisfecho, por fin, le das el visto bueno.

Lo mandas por correo y empieza el “baile”: cambia esto, añade lo otro, quita lo de estas dos cláusulas (“¿de quién coño eres abogado, del otro?”). Una vez pasado el filtro del cliente lo mandas a la contraparte y ahí ya no hay salvación posible.

Del escrito que habías preparado inicialmente, bien estructurado, equilibrado y hasta con ritmo, pasas a una suerte de Frankenstein contractual, con la cara llena de costurones. A la porra el arte, “biba el colejio”. Eso si, pordios, quite lo de “alquilino” y lo de “sufruto”.

7.- Sentencia que exige aclaración

Me dejo para el final uno de mis favoritos. Notificada sentencia, le das la enhorabuena al cliente y al rato éste te llama y dice, oye, que se han equivocado. No puede ser, nos han dado la razón… eso es que han acertado -bromeas. Pero, no, tiene razón, en cuatro folios y medio de sentencia te encuentras un bodrio en el que, pongo casos reales, divorcian a personas que no eran parte del proceso (esos corta y pega que tantos días de gloria nos están dando), conceden indemnizaciones distintas de las pedidas (¿en qué estaba pensando cuando tomaba notas en el juicio? ¿tomaba notas? ¿dibujaba? ¿estaba en el juicio o era un ectoplasma?)… llamas al juzgado y te dicen lo que más temes: “presenta un escrito”. Oiga, oiga, oigaaaa… que yo no me he equivocado, pero no hay más remedio que presentar el mal llamado “recurso de aclaración”, previsto expresamente en la ley cuando no hay nada que aclarar, puesto que no hay duda de que hay un error como un castillo de grande.

Qué buenas migas harían Microsoft y algunos juzgados, por aquello de las versiones de prueba y las versiones beta.

Comparto experiencias y unos consejos:

1.- Usa mapas mentales

El mapa no es el territorio ni tampoco el pensamiento. Es una guía de escritura, para no perderse. El resultado final no tiene por qué cuadrar con lo previsto pero, desde luego, mal vamos si no tenemos una idea clara de lo que queremos expresar.

No olvides que el mapa es para tí, que lo tienes que hacer en un folio y cuanto más “plástico”, mejor. Ya tendrás tiempo de escribir.

2.- Listas de chequeo

Cuando llevas unos años en esto ves que hay asuntos que se repiten una y otra vez. Usa lista de chequeo y comprueba el estado de los flaps antes de despegar, campeón.

3.- Pomodoros

Si, se llaman así; usa los pomodoros: 25 minutos de sprint mental y 5 de descanso. 25 y 5, esa es la proporción. Algo así como las series de los runners.

4.- Usa fichas

Para los trabajos de más envergadura, una idea una ficha; cuando te pones a redactar, las ordenas sobre la mesa (como los juegos de naipes que llaman solitarios) y cada idea te puede servir de título para cada apartado del escrito. En nuestro caso, hechos separados convenientemente por párrafos, fundamentos de derecho en su sitio y el “petitum”, lo más importante, claro y preciso. Es un error esperar al final, cuando llegas con la lengua fuera, para redactarlo.

Y es que un escrito se lee de principio a fin, pero no tienes por qué concebirlo así. Me remito a lo de los mapas mentales.

5.- Un último consejo: lo perfecto siempre es enemigo de lo bueno y peor que presentar escrito con erratas es no llegar a presentarlo porque se te pase plazo. Ya tendrás tiempo de ganar el Pulitzer de los abogados.

Y si hay una errata, les presentas un escrito de aclaración. Donde las dan las toman.

 

 

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