Ha muerto Camilleri.

Empecé a leer sus libros coincidiendo con una época personal muy complicada, primero, como una evasión, luego como un descubrimiento. Había oído hablar de un comisario llamado Montalbano cuyo nombre, en realidad, era un guiño o un homenaje que hacía Camilleri, autor siciliano, a Manuel Vázquez Montalbán, escritor barcelonés creador del inolvidable Pepe Carvalho. El Mediterráneo, ya lo contó Homero, es un mar de ida y vuelta, repleto de naufragios y olas caprichosas que pueden depositarte en cualquier orilla.

Mi primera lectura fue “La Forma del Agua”. Quería empezar la serie desde el primer relato. Para conseguir un ejemplar tuve que acercarme a una humilde biblioteca, en La Alberca (un pueblo situado junto a Murcia). En dos palabras, me fascinó. Luego fui leyendo –devorando, más bien– sus novelas una tras otra: “El Perro de Terracota”, “El ladrón de Meriendas”, “La voz del violín”, “La excursión a Tíndari”…

Más tarde me hice con la serie de TV, interpretada por Luca Zingaretti. Nada puede sustituir la lectura de un libro, nada. Pero cada episodio, de una hora o más de duración, era para mí una escapada a Sicilia, a la que hacía aparecer en el salón de mi casa proyectada con otros ojos, los del comisario Montalbano y sus colegas: ‘Mimì’ Augello, el inspector Fazio, Galluzzo y, por supuesto, Catarella, sin olvidar a su novia Livia, Ingrid o al Dr. Pasquano.

Sicilia…

Aunque no se puede obviar esa realidad, Sicilia es mucho más que la historia de la Mafia y bien que lo enseñó Camilleri, demostrando que se puede escribir una buena novela negra sin caer en el tópico.

En la ficción, la casa de Montalbano está en la orilla del mar, junto a un paseo que me recuerda mucho a los veranos de mi adolescencia. Si, ya sé que el cine es ficción, pero era un añadido que lo hacía más cercano, si cabe.

Años después de mi primera lectura, tuve ocasión de viajar a Sicilia, la tierra de Lampedusa y, también, la de Camilleri. Aún estábamos recuperándonos de la impresión que nos causó la Scala dei Turchi cuando, camino de Agrigento, pasamos por Porto Empedocle, su patria chica, acaso la Vigata de sus novelas, que hoy me la imagino de luto.

Descanse en paz, Maestro.

 

PD.- La “casa” del comisario Montalbano está en Punta Secca, Corso Aldo Moro 44, y según aparece en Tripadvisor, se puede alquilar 😉